domingo, 23 de mayo de 2010

Prólogo del libro: "A mi ciudad San Ignacio". (Autor del libro: Rafael Giménez)

Decía el gran vate paraguayo José Luís Apleyard poco antes de su muerte, circunstancia histórica que en sociedades como la nuestra aumenta la dimensión trascendental del hombre: “La poesía se presenta a sí misma cuando es auténtica”.

Y ésta obra del joven poeta ignaciano Rafael Giménez de eso se trata. De unos versos auténticos surgidos del torrente de inspiración de un hombre que a su condición de luchador diario ante las adversidades cotidianas, toma la pluma para denunciar con la fuerza impuesta por la verdad, la crudeza de la realidad social que son descriptas maravillosamente con los versos que en cada página se pueden constatar y percibir, invitándonos a una serena reflexión y asumir un compromiso de cambio social.

También precisaba el gran maestro Apleyard que la buena poesía “no necesita prólogos ni andamiajes de ninguna laya”. Ésta maravillosa obra, que viene a sumarse a tantas otras que en la soledad de las jornadas de inspiración de los vates criollos han sido motivo de nuestro orgullo y satisfacción de sentirnos ignacianos, tampoco necesita prólogos ni andamiajes de ninguna laya.

Es que cada letra que vayamos masticando, cada párrafo y estrofa, va a despertar en nosotros un sinnúmero de estados afectivos, que pasará desde el interés, la reflexión, curiosidad, apesadumbrez incluso, pero por sobre todo hará nacer en nosotros una esperanza.

Esa misma esperanza al que no renunciaron generaciones de ignacianos, quienes desde el ámbito en que le cabe desempeñar una tarea, a lo largo y a lo ancho del orbe, enarbolan esa bandera verde, blanca y roja que simboliza la patria chica donde aún resuenan los tambores, turues, pasos y voces de Arapysandu, Lorenzana, Roque González y tantos otros.

“A mi ciudad San Ignacio” que además de dar el nombre a éste niño que nace con éste libro, a partir de la fecha, forma parte de nuestra identidad, que es similar a decir que se erige en uno de los factores de nuestra propia existencia. “Alegría, paz y luz” sintetizan el primer poema a la comarca que inspiran estos versos y dan denominación propia a ésta obra.

Un gran estudioso de la cultura paraguaya, Armando Almada Roche afirmaba que “si lo que se pretende es emitir un juicio maduro, justo y claro, no hay que apresurarse”. Confieso defraudarlo. Particularmente peco de apresurado. Y en éste caso, no dudé un segundo cuando Rafael en compañía del incansable luchador cultural Carlitos González me propusieron “prologar” éste libro. Me sentí limitado para semejante responsabilidad, que al decir de mis interlocutores es como “apadrinar” un hijo. Revelo mi apresuramiento. Quizás en nuestra sociedad existan mejores hombres y escritores que yo, capaz de realizar semejante tarea. Mi respetuoso pedido de dispensas por el atrevimiento.

Por ello, esto no es un juicio ni maduro, ni justo, mucho menos sea muy claro, por la subjetividad a ultranza de mis afirmaciones. Rafael Giménez es un poeta surgido de las clases populares que hoy llega a lanzar su primera obra, que ojalá sea el inicio de una brillante carrera poética que lo eleve a los centros culturales más brillantes del universo.

Quienes formamos parte del contingente de hombres y mujeres que escriben por gusto y con gusto, somos testigos de lo difícil que resulta lanzar una obra. Por ello, Giménez además de erigirse en un talentoso y joven vate ignaciano, es un hombre valiente que pudo capear las dificultades propias de un sistema perverso e injusto, donde parece que solo los “escritores de sangre azul” pueden lanzar sus obras y los poetas populares deben conformarse en recitar su poesía a su esposa e hijos, sepultándose para el olvido en roñosos cuadernos las monumentales obras que quedan al azar. Que valga ésta obra también como una denuncia de la poesía a su derecho de existir.

El contenido social comienza a sentirse en “Mazorca”, inspiración surgida de la maravillosa naturaleza que demostró poder vencer al progreso, mimetizándose en una planta de maíz que creció en pleno centro de la ciudad, entre piedras y pavimento. “Hoy las capueras meditan tu ausencia maizal” dice el poema, desnudando que siempre la reina natura vence la desidia del hombre, porque mientras nuestros campos desnudan la triste realidad social de falta de producción por inasistencia estatal, una planta de maíz “alimento del Paraguay” se hizo paso en terreno infértil para denunciar su propia existencia y valía. En “Perdón Madre Natura” se erige una oración a la reina de la existencia humana por tan pésimo huésped: el hombre, que a su paso “mata seres vivos sin consideración alguna”.

La madre, aquella mujer que nos trajo al mundo también tiene su homenaje en la obra. Lo hace con dos poemas. Primero es “En el Día de la Madre” que Rafael nos aconseja “nunca dejes de valorar a quien te dio la vida”, después de resaltar que para una madre un gesto vale más que mil regalos: “aunque no fuese un regalo de tanta nombradía, para ella en éste día es un gesto sin igual”. También “La imagen de mi madre” retrata a la mujer que es “sagrada y eterna para sus hijos” porque “es llena de amor y tesón”.

Esta obra también es un homenaje a la familia. Donde se resalta la incansable lucha de la “Esposa”, se “Presenta a Papá” y se “Describe mi casa”. Particularmente en “Prosa a la Esposa”, enaltece a la mujer repasando con hermosas palabras la flecha de Cupido, los momentos felices de la pareja, reconociendo los habituales entretelones conflictivos del mundo de a dos, el perdón que nace del amor para finalmente terminar en el complemento ideal del hombre y la mujer.

Capítulo aparte merece “Emigrantes”. En ese poema, Giménez alcanza la dimensión trascendental de la denuncia de la injusticia social. Pinta con las palabras una realidad que aumenta sin parangón. Solo la poesía podría desnudar un drama que agobia a la mayoría de las familias del Paraguay. En “Emigrantes” se sintetiza absolutamente todo: desde la inacción gubernamental, la falta de política social, carencia de trabajo, drama familiar, llantos inocentes, orfandad, amor al que parte, hipocresía en el discurso oficial y tantos otros aspectos de la realidad social. Ganador por voto popular de un concurso de poemas en Radio San Ignacio FM, programa “Hora Clave”, edición 2006.

Pero en ese contexto, Rafael recupera el amor a su terruño y una oda a la esperanza. Lo hace con “Canto a San Ignacio”. Lo elabora con palabras que “nacen de mi ilusión”. Esa misma ilusión que nos sigue manteniendo atadas a ésta comarca que a veces nos parece tan apática y ni inmutarse con nuestros sueños y aspiraciones. Pero al decir del poeta San Ignacio “eres dueño de mi vida”.

En definitiva, bienvenida sea ésta brillante creación literaria de un hombre que ofrece su talento a una sociedad bendecida por la existencia de varones y mujeres capaces de transcribir en versos y poemas el fruto de su imaginación, porque al decir de una emblemática poesía universal, pase lo que pase gracias a Dios y a los hombres “en el mundo siempre habrá poesía”.

CAMILO JAVIER CANTERO CABRERA.

Fortín de la Barriada, 8 de Julio de 2007.

Prólogo del libro Algo Anda Mal. (Autor del libro: Sergio Aquino San Patricio)

Cuando los vates populares se inspiran en el corazón de su pueblo, ese retazo de territorio está bendecido y destinado a un porvenir venturoso. El mundo será mejor cuando lo gobiernen los poetas, porque la fuerza mágica de los versos hace que nuestros terruños se conviertan en oasis de amor, paz y tranquilidad. La nobleza del hombre que se inspira solo se asemeja a la bondad que el Supremo Creador nos dejó a través de sus enseñanzas.

Ésta obra literaria del trovador misionero Sergio Aquino nos transmite la complacencia que ésta tierra roja extendida en ésta Mesopotamia al sur del Tebicuary y al norte del Paraná, regado por los humedales del Ñeembucú y la influencia de Yacyreta es exquisita para lanzar a hombres y mujeres que hacen de la palabra un arma letal contra la ignominia, marginalidad, desprecio, desazón, ignorancia y tantos otros antivalores que pretenden los mediocres insertar en nuestra excelsa sociedad.

Y debemos ser claros. Porque ésta obra de eso se trata. Sergio Aquino con la crudeza y dureza de sus expresiones, sin perder la belleza de sus versos, desnuda una realidad que algunas veces nos entristece y otras nos avergüenza.

Tal como ya decía el gran Julio Correa en “No canteís mas, poetas”, “vuestra vieja canción, de los dulces amores y la vieja pena…. Formad las barricadas heroicas del derecho, es ahora la hora de presentar los pechos…”. En ésta obra, se denuncia “la tierra del revés, el atraso, la falta de desarrollo, la muerte por negligencia médica, el robo a la esperanza popular, la existencia de enfermedades insanables, el atraso en materia de prevención sanitaria en contraposición del avance tecnológico a nivel mundial y tantos otros males que encontramos en “ésta isla rodeada de tierra” llamada Paraguay (Roa Bastos). Eso, lo encontramos en el poema “Alicia”, y otros retazos de versos donde el dedo acusador de la palabra del poeta cual pendón apunta a la clase dirigencial que solo responde con su espantable ceguera y oídos sordos los gritos provenientes de los sectores populares.

“Alicia” es una mezcla de compuesto, prosa, poesía, tal si fuera la especificación misionera de la universal anónima “Verdades Amargas” y aunque son versos de difícil encuadraje en un estilo poético predeterminado por el particular sello del autor, no podemos negar la realista manera de narrar una historia sucedida en Potrerito, que tiene como protagonista a “Alicia” y que termina con su muerte.

Pero la obra también tiene su espacio para el corazón. El romanticismo. Los versos que fluyen del alma del hombre enamorado lo encontramos en varios poemas que forman parte de ésta obra. “Alma Gemela” es una de ellas. Allí, el autor además de cantar a su amada, se despide confesando su deseo en darle cosas que jamás ha sentido, sentimiento que nunca ha tenido. Aclara que no siempre será primavera, pero deja su huella final, haciendo la salvedad que “tampoco será un eterno invierno”. El amor también es tema en otros títulos, como: “Marilu, Gavilan, Diferencia, Conquistarte, Nada, Ella fue, Impredecible, Amor Prohibido entre otros”.

También está presente, en “Cuando” donde mágicamente hace volar la imaginación del poderoso efecto que nos produce el “beso”. Insta a dejar que corra el amor, ver lo que jamás hemos visto, escuchar que el tiempo ha muerto, sentir lo que jamás hemos sentido. Nos eriza la piel el beso, porque nos devuelve juventud aún pasados los años.

Pero en el amor “no todo es poesía”. Su inseparable compañero: el dolor, también está presente en ésta obra. “Tu decisión” narra la historia de un “Adiós”. Es el tipo de “Adiós” que en principio nos negamos a reconocer, luego a creer y finalmente no queremos olvidar. Renunciamos a la difícil tarea de reconocer que la llama del “querer “ fue diluyéndose de a poco hasta definitivamente extinguirse, quedando únicamente bellos recuerdos de un amor que ya no existe porque se fue.

Pero tan cobarde es el amor, que somos informados de la circunstancia: por carta. Eso sucede en esta fantástica historia. El autor, con la maravilla de su pluma, nos hace sentir por un instante y recordar aquel momento en que esa bella chiquilina nos cerró la puerta de su corazón con una simple esquelita… Pero también termina el poema con que respeta la decisión, porque aún en esa circunstancia, si del despedido dependiera.. “seguiría firme ésta relación”.

En fin, los poemas coinciden en el estilo romántico del autor, pero sin renunciar a la fuerza impuesta por la verdad, tal como sucede en “Mi verso”, donde lo describe como “una rosa inocente”, pero “también una daga para el hipócrita que con dolor me paga”.

La niña del barrio del cual todos alguna vez nos hemos enamorado, también está presente en la obra. “ROMINA” era su nombre. Nos transporta a nuestras románticas calles de tierra donde el “olor a barrio” está latente o aquel amanecer y atardecer que nos encanta, el verdor del follaje de los árboles y de las praderas tan características de nuestro terruño. Pero Romina “okañy”…. “oho peteï arriero ka”u ndive”… que luego la embarazó y dejó. Es la transcripción fiel de hechos que ocurrieron algunas décadas atrás en nuestros barrios y parajes, de los cuales solo quedan recuerdos por la liberalidad existente en la actualidad y donde “escaparse con la novia” ya no tiene sentido. Solo ayer, era la única manera que el “amor” triunfe sobre los celos enfermizos de la suegra o su familia.

“Amante ignorante” es al estilo de “Alicia” una obra que particulariza al autor. Donde confiesa que ama a la mujer “hasta que sequen toditos los esteros” y remata diciendo en guaraní que se acerque la mujer para susurrarle al oído cuanto la quiere.

“Propuesta, Biografía, Odio y Actitud Pobre” son verdaderas confesiones poéticas del escritor. En la primera demuestra la habitual humildad de los hombres de letra, reconociendo sus limitaciones, pidiendo que se le ayude cuando necesita, se lo recoja cuando cae, se lo critique cuando los adulones callen, pero también se lo escuche cuando se encuentra mudo. En la segunda narra la historia de un joven que tenía todo y finalmente fue perdiendo hasta caer en el mundo de las drogas. En “Odio” desnuda su desazón cuando lo planeado no se concreta, el dolor de la ausencia, de no ser tenido en cuenta, que no se luche por los ideales y por la pérdida del amor.

Finalmente “Actitud Pobre” es la transcripción fiel de los escritores del “Paraguay profundo” que deseamos que nuestras obras no mueran en el archivo de nuestra casa. Que nuestras obras sean condenadas a ser leídas únicamente por nuestra esposa, nuestros hijos y amigos cercanos porque nunca “se los permitió salir a luz”. “Actitud Pobre” es una cabal muestra de cuan atrasados estamos en materia cultural aún. El humilde poeta popular recorriendo varias editoriales donde es maltratado, humillado, discriminado incluso. La cultura en nuestro país parece que es patrimonio personal de algunos pocos privilegiados. Sergio Aquino, asume la voz de los poetas sin voz para desnudar una triste realidad que hemos pasado más de una vez, quienes tenemos la vocación de escribir.

En definitiva, me complace que mi alumno de la Facultad de Periodismo, Sergio Aquino, sea un notable vate misionero. Un hombre que con su juventud a cuestas posee un brillante futuro en el arte de las letras. Lógicamente deberá ir afinando su pluma para ganarse mayor espacio dentro del difícil campo de la poesía, que no por ello deja de ser apasionante. Finalmente, una sociedad como la nuestra no regala nada a nadie y mucho menos a quienes salimos del corazón mismo de nuestro pueblo.

Por ello, la rebeldía de la poesía de Aquino es bienvenida. Alguien debe salir al paso de todo y de todos para decirnos que “Algo anda mal”. Que no todo es perfección, que las injusticias, el dolor, el atraso, la miseria existen, como también existe el amor. Ese es el mayor beneficio que ésta obra puede aportar a la sociedad misionera. Nace “Algo anda mal” con el sano objetivo, que alguna vez, la mayoría de las circunstancias en nuestro país ande bien. Felicitaciones al autor y bienvenido al mundo ésta maravillosa obra.

Camilo Javier Cantero Cabrera.

Fortín de la Barriada, terruño de “La Diosa Morena del Ytororó”

23 de mayo de 2010.

Prólogo del Libro "Sentimientos" (Autora del libro: Amalia Fretes")

Cuando un poeta se inspira hay esperanza que alguna vez tendremos un mundo mejor. Porque a pesar de todo y de todos: “siempre habrá poesía!!”, tal como ya lo anunciara Gustavo Adolfo Becker en su sensacional Rima IV. Esa es la pasión del poema, del poeta y de quienes amamos ésta vocación, ya que nos orienta hacia un universo más humanizado y sin tantas diferencias como el que existe hoy y que nos duele.

La poesía es una aventura. Una apertura del alma hacia la eternidad donde el poeta sale de éste mundo convulsionado y se proyecta impulsado por su inspiración hacia un destino donde él deja de ser él mismo para convertirse en el esclavo de las palabras, frases y versos que le dicta “ese algo” que viene desde dentro y que finalmente se concreta en una maravillosa tierna, atractiva, sugerente y admirable deidad llamada: poesía.

Amalia Paola Fretes Rolón, una brillante estudiante de la Facultad de Periodismo de UNASUR, no encuentra mejor manera que unirse a la Semana del Periodista del año 2010 con éste trabajo donde convergen lo mejor de su inspiración, tan digna de admiración de quienes accedan a los maravillosos versos que se encuentran en la presente obra.

Con audacia, fantasía, ilusión, no dejando de ninguna manera aspectos de la realidad social y usando la palabra como arma certera, a través de sus poemas, la autora nos orienta hacia un puerto seguro donde encontraremos el amor al arte, a la pluma, la música, el baile, el teatro y otras manifestaciones de la cultura paraguaya.

Tal como ya lo dijo el escritor español Paco Espínola, “Los libros tienen una música que se apodera del lector y sigue con él una vez que el libro se acaba. En el escritor, esa música debe estar antes. Sin esa música, que ha de mover la escritura, no hay emoción. No hay, pues, literatura”

Los poemas que van a leer es una perfecta sinfonía donde convergen, además de lo ya descripto en líneas precedentes, la ternura paterna, el amor, el canto a la esperanza con “Persevera y Vencerás”, el kunu´ü, la paz, entre otros.

El amor, ese sentimiento que invade absolutamente a todos los hombres se observan en varios poemas. “Tu partida” es uno de ellos. El dolor por el triste adiós, se refleja con el sello de la pluma de Amalia Paola. En ella utiliza recursos lingüísticos que merecen ser ponderados, como la personificación de “el sol que vio mi pena” o la lacónica frase de “se fue sin decir nada”. Finalmente la poeta, con su maravillosa arma que es la palabra, va resignándose de a poco con “es la ley de la vida” y remata ese retazo de inspiración con “vive tu vida….sonría”.

Pero no todo es fantasía e ilusión en la presente obra. La mirada social del poeta se percibe en obras ilustrativas que desnuda la realidad social de la actualidad. Problemas sociales como la migración masiva, la falta de fuente de trabajo, la inequidad social, el grave problema de la división de la familia, se pueden apreciar en “Madre ausente” donde se mimetiza en el hijo cuya madre se encuentra lejos de la casa y de su patria.

“Fui corriendo a saludarte, solo encontré tu retrato”, “Que cruel es la distancia” son frases que golpean el sentimiento de quienes diariamente somos testigos de la manera en que nuestros hijos se quedan solos, porque la madre debe partir, para que desde la distancia envíe lo necesario para el sustento diario. Aún así, la esperanza que los hijos ansiosos esperan el día en que la madre regrese, termina el poema.

En definitiva, como exponente de la comunidad universitaria de UNASUR, una facultad que se asentó hace pocos años en San Ignacio y que impulsa éste tipo de emprendimientos culturales, me siento definitivamente complacido que la institución oriente su caminar hacia la transformación positiva de la sociedad, rompiendo viejos esquemas y permitiendo que poetas surgidos de ese “Misiones profundo” como Amalia Paola puedan ver concretadas su sueño de ver lanzar su poemario. Es evidente, que no se asienta en la comarca para seguir manteniendo el stabhlismen criollo, tal como sucediera durante muchos años con otros y donde la Universidad lejos de cumplir con su rol social de transformar la inequidad existente en la zona, se proyectaba en consolidar estructuras oprobiosas y desfasadas.

Finalmente, “Sentimientos” a partir de la fecha sale a la calle y caerá en manos del lector para empezar a ser interpretado, como si fuera un jeroglífico en el que cada uno conoce unas claves para descifrarlo, pero no todos lo descifran igual, de manera que al final la idea que se hace cada cual cuando lo lee es muy diferente, pero no por ello deja de ser alucinante.

Lo cierto es que Amalia Paola Fretes Rolón merece nuestras felicitaciones y aunque con un baño de humildad ella misma en uno de sus poemas dice “mi estilo no es definido, mi rima no es perfecta” en la presente obra la misma es capaz de afrontar el rostro desconocido de las palabras sin tenerles miedo. Lo hace con la obra “El Matrimonio” un compuesto realista, maravilloso, descriptivo, actual, acerca del pilar fundamental de la sociedad.

Y aunque siempre se está expuesto a que la técnica y la compostura se pierdan, ello podemos dejar a los especialistas del ramo, lo cual confieso que no soy, pero sí puedo asegurar que “Sentimientos” lanza a nuestros rostros un axioma de belleza, un canto de esperanza para no bajar los brazos.

“Sentimientos”, refleja: Voces claras, sabias y sonoras que indubitablemente surgieron sin dubitaciones. Valentía, sinceridad, talento y audacia; metáforas, comparación, adjetivización, personificación. Una riqueza lingüística sin límites. Uso de recursos literarios con excepcionalidad.

“Sentimientos” nos invita mirar el horizonte desde nuestra penumbra, sumergirnos en el sueño que todos esperamos, despertar jubilosos en un nuevo amanecer que saluda a la nada, pero también la profundidad celeste de todas las orillas que desata tumultos en el centro de la tierra.

Por ello, finalmente hago mía, las palabras de Carlos Garrido de la Unión Hispanoamericana de Escritores: “En esa jungla de palabras, la poeta, proclama su libertad de ave y viaja por andinos caminos, como una sombra, una gota, una luciérnaga que desciende hasta el corazón de las mañanas; que se hace verbo en las colinas y que en plena noche alumbra con sus rayos de sol colmada de misterios”.

“No importa que la tinta se agote y se absorba la súplica y el mundo olvide los ramos de cultivo, las hojas que marchan en multitud consumiendo las palabras. No importa que afuera el silencio la delate. Que un murmullo de adjetivos crezca en la yerba mala. Si la suya es una propuesta para la vida. Para la restauración del hombre, y el humanitarismo. No importa que hay silencio sepulcral en las ventanas si sus palomas, la de su sed inacabable, están allí, hurgando en una poesía que sigue andando, quijotesca a veces, sanchopancita otros, porque así es como se construyen los sueños más inmarcesibles”.

Bienvenido “Sentimientos” al mundo de las grandes obras de la poesía misionera. Felicitaciones Amalia Paola Fretes Rolón.

A la vera del Arroyo Yabebyry, 23 de marzo de 2010.

Camilo Javier Cantero Cabrera.

sábado, 8 de mayo de 2010

Silvano Ortellado Flores. (cuento). Por Camilo Cantero.

“¡Somos comunistas!. Nunca escuché ese término. Ni siquiera entiendo que significa. Pero es el más grave pecado que mis compañeros y yo dicen que cometimos. En éste otoño misionero, donde nuestras verdes praderas sirven de espacio para la sinfonía de las aves que surgen fantasmalmente entre el follaje de las flores en la inmensidad de la selva sureña a orillas del caudaloso Paraná, donde la soledad adquiere otra dimensión, pero que ahora solo me sirve de escondite de las fuerzas opresoras que me buscan sin cesar”.............
¡Tengo miedo, sí, claro que tengo miedo, porque si me encuentran me van a “empaquetar”!. Será el inicio de ríos de sangre que mi pueblo y yo podemos derramar.........
Un territorio histórico, donde la sangre española no pudo cometer tantas arbitrariedades como en otros sitios del Paraguay, ya que se antepuso el poder de la cruz de Roque González, Marcial de Lorenzana y tantos jesuitas que sellaron la cristiandad y el amor a Dios por estos lares.....
“Mandi’oró, Sapriza, Kururu Piré, andan preguntando por mí en el pueblo y lo hacen por todas partes. Me buscan hasta en el “Ykua Ka’aguy aquella naciente natural que recorre toda la serranía y sirve para paliar la sed de los compañeros agricultores que a pesar que el horror se instaló en Misiones, siguen luchando con sus asadas a cuestas, haciendo senderos en sus cada vez más pobres cultivos en medio del desierto, olvidados por quienes dicen representarnos y para quienes existimos solo cada vez que el Karaí Guasú viene con su tendal de hurreros a inaugurar algún puesto de salud para luego quedar sin médicos, ni aparatos para la atención médica, convertidos en casonas abandonadas que sirven para cualquier cosa, menos para atender a los enfermos”
Mis verdugos, llegan tan lejos, que ayer vino un pariente de la compañía Potrero Po’í, para informarme que rodearon su casa, golpearon la puerta hasta derribarla y después de asustar a todos sus hijos, preguntaron por mí.....
......Silvano Ortellado Flores........moopa oï (donde está)....fue la consulta de rigor. La respuesta, aunque sincera, solo sirvió para que las fuerzas del orden descarguen su furia descontrolada contra quienes tienen el pecado de conocer mi lucha y sacrificio por el pueblo.
Y ese, (Ortellado Flores)...........ese soy yo.
¡Que carajo habré hecho!!. No perjudiqué a nadie. Solo busco el bienestar para mi pueblo y mi familia. O ¿acaso soñar está prohibido?. O pretenden robar lo único y lo último que tenemos?. Y aunque está demostrado que soñar es libre y no cuesta nada, siguen persiguiendo. Hasta eso parece que me robaron. Sueño con un mundo mejor, sin embargo, ahora mis alas están cortadas y no puedo volar buscando la libertad.
Mi casa, un humilde rancho campesino, en el barrio Pablo Sexto, solo sirve de morada para algún parroquiano que desea compartir mis ideales. No quiero ver a mis hijos sufrir las mismas angustias y necesidades que mi esposa y yo hemos pasado para educarles.
No quiero ser el paria que debe recoger rápidamente sus maletas, ir hasta el Bar Lo Mitä, emblemático sitio de encuentro de nuestra ciudad para quienes quieren partir para nunca más volver. Tantos sueños y esperanzas hemos compartido en las mesas de ese histórico bar, cual si fuera su par de la capital con nombre del primer santo paraguayo. Pero no, no acá todo se va complicando de a poco. Mientras allá en la capital se reúnen para compartir conocimientos culturales y trascendentes, aquí en mi valle, solo nos reunimos para tomar unos tragos y entre copa y copa, con algunos lagrimones participar de una despedida que quizás sea eterna..... porque muchos partieron para nunca mas volver.
Son los otros perseguidos, los exiliados económicos de éste sistema injusto y perverso que nos convierte en seres extraños en ésta misma tierra que nos vio nacer. ¡Que rara paradoja!. Si nos quedamos por acá, debemos huir del sistema, si nos vamos huimos de la miseria, del hambre, la desocupación, en fin de la indignidad que persigue a miles de compatriotas.
Estamos en 1976. Hace 400 años, los jesuitas, en esas mismas viviendas que rodean la plaza, han enseñado al pueblo a “liberarse” de la esclavitud. Es la famosa “acera jesuítica” cuyo valor histórico muchos ignoran y hoy solo sirven de comercios para servidores del régimen quienes prefieren vender vacaí que explotar culturalmente esa riqueza que poseemos.
Hoy, el país empeora. La “paz y progreso” pregonada por los seccionaleros del pueblo, parafraseando a los mandones de turno, comenzando por el rubio general, solo ven sus ojos y sienten sus bolsillos. Mis ojos no ven las imágenes que aparece en la vista de los mandones de turno. ¿Acaso vivimos en un país tan distinto?.
Yo observo otro Paraguay. Aquel donde niños y mujeres mueren por falta de atención hospitalaria. Donde los jóvenes emigran hacia otros países para ganarse el pan diario con el sudor de su frente. Donde las mujeres son violadas con total impunidad por los “hijos de papá”. Ese es el país que siento en carne propia mientras escucho por las emisoras, veo en la tele y leo en los diarios, que ellos repiten sin cesar esa consabida frase de “paz y progreso con Stroessner”.
Por eso quizás me persiguen. Y estoy escondido. Detrás de éste matorral desde donde hablo conmigo mismo. Donde solo yo y mi conciencia estamos soñando por un país distinto. Por un país donde no existan privilegiados, donde todos tengamos razón para existir. Donde los DDHH sean respetados. Ese es el país que sueño para mí y para los míos.
Misiones..........Misiones, tierra roja como la sangre de su gente, aquel terruño que durante el dominio español era una “tierra liberada”. Surgió en San Ignacio con las Reducciones Jesuíticas. Luego fundaron Santa María, Santa Rosa, Santiago, San Cosme y Damián, en fin....llegaron hasta el emblemático Ka’aro donde Roque González dejó su corazón.
Escuché que algunos afirman con tono de razón, que “el paso del tiempo da lugar al progreso”. Y ese es el dilema que tengo conmigo mismo: ¿cómo hace 400 años atrás, ésta era una tierra liberada y hoy, compañeros y compañeras campesinas, son cruelmente asesinados y asesinadas en las masmorras de Abraham Cué?.
Recuerdo como si fuese recién el llanto de compañeras como María Rosa Zarza de Ramos de San Ramón Santiago cuando me decía: “que mucho lloré con mis hijos cuando a mi esposo lo llevaron a Abraham Cué”. O a Agapito Vera de la compañía San Juan Potrero de San Ignacio, cuando me comentaba que las “sesiones de tortura comenzaban a las una de la madrugada, me tuvieron durante siete días con sus noches, atormentaban a mi hijo en mi presencia, usando picanas eléctrica, chicote, agua insalubre”.
Nos acusan que somos “el hacha comunista cubierta por las faldas de los curas, que nos amotinamos contra el gobierno”, cuando la única verdad es que el hambre nos agobia y a muchos ya nos desespera.
Silvano Ortellado Flores, ese soy yo. Un hombre humilde, campesino, padre de cinco hijos a quienes amo. Recuerdo aún, cuando conquisté el amor de mi esposa y soñábamos diciéndonos en guaraní: “llegará el día en que seamos libres y juntos logremos el progreso de nuestro pueblo”. Esas palabras, que en la inmensidad de la selva, junto al canto del urutaú parecen proyectarse en el horizonte y adquirir una dimensión celestial, hoy siguen retumbando en mi pensamiento. Estas lágrimas que corren como manantiales de un arroyo campesino por mi rostro curtido por los rayos del sol, no surgen por la derrota de un fracasado. Mucho menos se debe a un capricho o egoísmo personal. Mi lucha junto a mis ideales de justicia y libertad para mi pueblo, tienen una dimensión mayor que la surgida por quienes pretenden sacar provecho personal de circunstancias políticas de un país sub desarrollado como el nuestro.
¡Quiero ser libre junto a mi pueblo!. Pretendo muchas veces convertirme en un ave capaz de volar en libertad por la inmensidad azul del cielo y observar desde las alturas a éste pueblo que merece un bienestar mejor.
Las fuerzas opresoras me siguen buscando, van detrás de mis huellas, hasta ahora no me encuentran, pero quizás cuando concreten su macabro objetivo, pasaré a formar parte de los “desaparecidos o empaquetados”. De todas maneras, yo Silvano Ortellado Flores, sigo vivo, aunque cuando vuelva a mi casa, los opresores me encuentren y mi muerte pase a formar parte del resto de los compañeros que dieron su vida por un Paraguay mejor.
Post Data: En mayo de 1976 Silvano Ortellado Flores fue decapitado por las fuerzas opresoras frente a su familia en el barrio Pablo Sexto de Santa Rosa Misiones. Es uno de los tantos héroes anónimos del Paraguay profundo olvidado por la historia oficial. Hasta hoy nunca hubo condenados por ese crimen de la dictadura stronista.

viernes, 7 de mayo de 2010

Mi pasión por escribir. Por que lo hago?

¿Por qué escribo?
“El escritor hurga en la realidad para fabricar otra realidad, un mundo fantástico que es de mentira porque el invento nace de la observación y de la experiencia. Por tanto, el buen escritor es un gran mentiroso y si llegaba a ser grande, ilustre y publicado, era porque su mentira resultaba tan perfecta que se parecía a la realidad, o por lo menos, daba un testimonio veraz de la realidad”. (Mario Halley Mora “Cita en el San Roque”).

Ésta obra, como absolutamente todas las escritas hasta la fecha por Gumercindo Páez, no es otra cosa, sino una gran mentira, cimentada por la acuciante necesidad de sobrevivir en un medio hostil donde la relatividad es la constante y parece que la verdad nunca está del todo dicha. Por eso, triunfan los grandes mentirosos - ídolos fantasiosos - creados por el marketing, a través del persistente y pestilente trabajo de los grandes medios de difusión.

Mentira, como la realidad misma de un estado fallido y ausente, donde los más vivos triunfan a costa de los más tontos. En un país asesinado por dos guerras fabricadas por potencias extranjeras y que hasta la fecha seguimos pagando a los verdugos, cual terrible ironía al que estamos condenados los pobladores del país ausente.

“En nombre de la libertad, la libertad de comercio, Paraguay fue aniquilado en 1870. Al cabo de una guerra de cinco años, este país, el único país de las Américas que no debía un centavo a nadie, inauguró su deuda externa. A sus ruinas humeantes llegó, desde Londres, el primer préstamo. Fue destinado a pagar una enorme indemnización a Brasil, Argentina y Uruguay. El país asesinado pagó a los países asesinos, por el trabajo que se habían tomado asesinándolo”. Eduardo Galeano. Espejos.

Decía Alberdi: "Si es verdad que la civilización de este siglo tiene por emblemas las líneas de navegación por vapor, los telégrafos eléctricos, las fundiciones de metales, los astilleros y arsenales, los ferrocarriles, etc., los nuevos misioneros de civilización salidos de Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, etc., etc., no sólo no tienen en su hogar esas piezas de civilización para llevar al Paraguay, sino que irían a conocerlas de vista por la primera vez en su vida en el ‘país salvaje’ de su cruzada civilizadora". (La Guerra de la Triple Alianza. Felipe Pigna, historiador argentino).

Mentira y mentirosos, como quienes dicen administrar el dinero del pueblo cuando en realidad lo utilizan como alcancía propia, o los encargados de celebrar oficios que no respetan los votos de castidad. Cual padre de familia que renuncia a su deber y obligación de un eficiente cuidado a sus descendientes. O el hijo desagradecido que niega y reniega de su origen porque él va consolidando una posición social diferente al de sus predecesores, quienes se desvivieron para que –él-, bastardo del presente, sea alguien un poco menos miserable que sus antecesores.

Nuestra sociedad está cimentada por grandes mentiras. La misma que partió, desde el consumo de la fruta prohibida, pasando por las supuestas conquistas donde la pólvora y el sagrado misticismo impuesto por la cruz, se impusieron al arco y la flecha, obligándonos al festejo de la nada para ratificar una vez más que la reina que domina el mundo desde añares hasta hoy es la misma de siempre: La diosa mentira.

“Vivimos la era de la mentira”, dice Saramago. La misma mentira que se apodera en Misiones cuando quienes dicen buscar el poder para servir el pueblo en verdad desean salvar su pellejo y vivir a costa del pueblo en el marco del lujo y la comodidad. Las viejas oligarquías pueblerinas que cambian de nombre, pero no de sangre. Como la agnación y la cognación, aquel viejo legado romano de tiempos pasados siguiera tan vigente en nuestras comarcas, algunas, como las de Gumercindo Báez, con más de diez “universidades” funcionando.

“Mentimos hasta que no sabemos cuándo mentimos, la mentira tiene hondas raíces en el mundo, estamos tan acostumbrados a mentir que ya nos cuesta creer que exista algo diferente a la mentira, por eso es necesario rescatar el pasado, no para rendirle homenaje, sino para saber que el pasado no está hecho solo de las mentiras que nos cuentan como si fueran verdades, sino que hay otro mundo que es lindo descubrir”, manifiesta el brillante pensador latinoamericano, nacido en Uruguay Eduardo Galeano, autor de las Venas Abiertas de América Latina que es la descripción más realista de la triste verdad latinoamericana.

Por ello, ante ésta innegable realidad, Gumercindo Páez narra sus crónicas urbanas transmitiendo los hechos vivenciados en su deambular por los feudos de la patria, como privilegiado testigo a un país que se niega a morir del todo, a pesar del genocidio de 1870 y del intento de “remate final” que tuvimos en 1932, lo cual no fue posible mediante la gallardía y valentía de nuestros ex combatientes a quienes de pie y con la frente en alto, se rinde homenaje en ésta tarea.

Crónicas que tienen mucho de realidad y algo de imaginación. Esa misma imaginación que no es otra, sino la proyección de lo que habrá ocurrido o ha de ocurrir, maquinada por la mente humana, donde el inventor de la quimera se erige cual si fuera Dios, intentando adivinar sucesos fiel a la ordinaria y relativa frase que la ficción supera a la realidad.

Gastada, utilizada y desganada expresión que nos rompe los tímpanos y que asiduamente es empleada por quienes poseen limitados recursos intelectuales y para disfrazarla suplen sus parlanchinadas con vulgaridades. Aquellos que son incapaces de enhebrar una frase propia, repitiendo como si fueran nuevas y posando como intelectualoides criollos expresiones banales que no aportan nada nuevo.

Nota: Introducción al libro "Crónicas Urbanas" de Gumercindo Páez de autoría de Camilo Cantero, próximo a lanzarse.

El moñai de la Laguna San Isidro de Santiago Misiones.

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