domingo, 23 de mayo de 2010

Prólogo del libro: "A mi ciudad San Ignacio". (Autor del libro: Rafael Giménez)

Decía el gran vate paraguayo José Luís Apleyard poco antes de su muerte, circunstancia histórica que en sociedades como la nuestra aumenta la dimensión trascendental del hombre: “La poesía se presenta a sí misma cuando es auténtica”.

Y ésta obra del joven poeta ignaciano Rafael Giménez de eso se trata. De unos versos auténticos surgidos del torrente de inspiración de un hombre que a su condición de luchador diario ante las adversidades cotidianas, toma la pluma para denunciar con la fuerza impuesta por la verdad, la crudeza de la realidad social que son descriptas maravillosamente con los versos que en cada página se pueden constatar y percibir, invitándonos a una serena reflexión y asumir un compromiso de cambio social.

También precisaba el gran maestro Apleyard que la buena poesía “no necesita prólogos ni andamiajes de ninguna laya”. Ésta maravillosa obra, que viene a sumarse a tantas otras que en la soledad de las jornadas de inspiración de los vates criollos han sido motivo de nuestro orgullo y satisfacción de sentirnos ignacianos, tampoco necesita prólogos ni andamiajes de ninguna laya.

Es que cada letra que vayamos masticando, cada párrafo y estrofa, va a despertar en nosotros un sinnúmero de estados afectivos, que pasará desde el interés, la reflexión, curiosidad, apesadumbrez incluso, pero por sobre todo hará nacer en nosotros una esperanza.

Esa misma esperanza al que no renunciaron generaciones de ignacianos, quienes desde el ámbito en que le cabe desempeñar una tarea, a lo largo y a lo ancho del orbe, enarbolan esa bandera verde, blanca y roja que simboliza la patria chica donde aún resuenan los tambores, turues, pasos y voces de Arapysandu, Lorenzana, Roque González y tantos otros.

“A mi ciudad San Ignacio” que además de dar el nombre a éste niño que nace con éste libro, a partir de la fecha, forma parte de nuestra identidad, que es similar a decir que se erige en uno de los factores de nuestra propia existencia. “Alegría, paz y luz” sintetizan el primer poema a la comarca que inspiran estos versos y dan denominación propia a ésta obra.

Un gran estudioso de la cultura paraguaya, Armando Almada Roche afirmaba que “si lo que se pretende es emitir un juicio maduro, justo y claro, no hay que apresurarse”. Confieso defraudarlo. Particularmente peco de apresurado. Y en éste caso, no dudé un segundo cuando Rafael en compañía del incansable luchador cultural Carlitos González me propusieron “prologar” éste libro. Me sentí limitado para semejante responsabilidad, que al decir de mis interlocutores es como “apadrinar” un hijo. Revelo mi apresuramiento. Quizás en nuestra sociedad existan mejores hombres y escritores que yo, capaz de realizar semejante tarea. Mi respetuoso pedido de dispensas por el atrevimiento.

Por ello, esto no es un juicio ni maduro, ni justo, mucho menos sea muy claro, por la subjetividad a ultranza de mis afirmaciones. Rafael Giménez es un poeta surgido de las clases populares que hoy llega a lanzar su primera obra, que ojalá sea el inicio de una brillante carrera poética que lo eleve a los centros culturales más brillantes del universo.

Quienes formamos parte del contingente de hombres y mujeres que escriben por gusto y con gusto, somos testigos de lo difícil que resulta lanzar una obra. Por ello, Giménez además de erigirse en un talentoso y joven vate ignaciano, es un hombre valiente que pudo capear las dificultades propias de un sistema perverso e injusto, donde parece que solo los “escritores de sangre azul” pueden lanzar sus obras y los poetas populares deben conformarse en recitar su poesía a su esposa e hijos, sepultándose para el olvido en roñosos cuadernos las monumentales obras que quedan al azar. Que valga ésta obra también como una denuncia de la poesía a su derecho de existir.

El contenido social comienza a sentirse en “Mazorca”, inspiración surgida de la maravillosa naturaleza que demostró poder vencer al progreso, mimetizándose en una planta de maíz que creció en pleno centro de la ciudad, entre piedras y pavimento. “Hoy las capueras meditan tu ausencia maizal” dice el poema, desnudando que siempre la reina natura vence la desidia del hombre, porque mientras nuestros campos desnudan la triste realidad social de falta de producción por inasistencia estatal, una planta de maíz “alimento del Paraguay” se hizo paso en terreno infértil para denunciar su propia existencia y valía. En “Perdón Madre Natura” se erige una oración a la reina de la existencia humana por tan pésimo huésped: el hombre, que a su paso “mata seres vivos sin consideración alguna”.

La madre, aquella mujer que nos trajo al mundo también tiene su homenaje en la obra. Lo hace con dos poemas. Primero es “En el Día de la Madre” que Rafael nos aconseja “nunca dejes de valorar a quien te dio la vida”, después de resaltar que para una madre un gesto vale más que mil regalos: “aunque no fuese un regalo de tanta nombradía, para ella en éste día es un gesto sin igual”. También “La imagen de mi madre” retrata a la mujer que es “sagrada y eterna para sus hijos” porque “es llena de amor y tesón”.

Esta obra también es un homenaje a la familia. Donde se resalta la incansable lucha de la “Esposa”, se “Presenta a Papá” y se “Describe mi casa”. Particularmente en “Prosa a la Esposa”, enaltece a la mujer repasando con hermosas palabras la flecha de Cupido, los momentos felices de la pareja, reconociendo los habituales entretelones conflictivos del mundo de a dos, el perdón que nace del amor para finalmente terminar en el complemento ideal del hombre y la mujer.

Capítulo aparte merece “Emigrantes”. En ese poema, Giménez alcanza la dimensión trascendental de la denuncia de la injusticia social. Pinta con las palabras una realidad que aumenta sin parangón. Solo la poesía podría desnudar un drama que agobia a la mayoría de las familias del Paraguay. En “Emigrantes” se sintetiza absolutamente todo: desde la inacción gubernamental, la falta de política social, carencia de trabajo, drama familiar, llantos inocentes, orfandad, amor al que parte, hipocresía en el discurso oficial y tantos otros aspectos de la realidad social. Ganador por voto popular de un concurso de poemas en Radio San Ignacio FM, programa “Hora Clave”, edición 2006.

Pero en ese contexto, Rafael recupera el amor a su terruño y una oda a la esperanza. Lo hace con “Canto a San Ignacio”. Lo elabora con palabras que “nacen de mi ilusión”. Esa misma ilusión que nos sigue manteniendo atadas a ésta comarca que a veces nos parece tan apática y ni inmutarse con nuestros sueños y aspiraciones. Pero al decir del poeta San Ignacio “eres dueño de mi vida”.

En definitiva, bienvenida sea ésta brillante creación literaria de un hombre que ofrece su talento a una sociedad bendecida por la existencia de varones y mujeres capaces de transcribir en versos y poemas el fruto de su imaginación, porque al decir de una emblemática poesía universal, pase lo que pase gracias a Dios y a los hombres “en el mundo siempre habrá poesía”.

CAMILO JAVIER CANTERO CABRERA.

Fortín de la Barriada, 8 de Julio de 2007.

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