martes, 1 de noviembre de 2011

"El hombre de la Catedral". (retrato literario)



“Conozco un hombre en el interior , que se declara inadaptado mental, vive en  una Iglesia, no porque fuera católico ni cristiano sino porque optó que un buen sitio para que viva un demente es un templo; visita a la tarde una Universidad y desde las ventanas va ayudando a los jóvenes con datos en sus exámenes, es un genio”. Augusto Dos Santos. En su artículo: “La Rebeldía sin Acentos”. Blog: terereontherock

                
             Vive su mundo. Como todos. En un mundo personalizado, él eligió ese sitio. O quizás en su labor celestial “Dios lo puso ahí”. O acaso fue un capricho?. El imponente y majestuoso Templo de San Ignacio Guazú, construida en la década del 30 y terminada ya iniciados los 60 con las manos de “Bareiro” y compañía que le dieron la forma final al campanario, desde hace quince años lo cobija. Todos sabemos que él vive ahí. Eligió vivirlo. Por loco. Por genio. El motivo real no lo sabemos, pero él hace tiempo que es el hombre que transita los largos corredores laterales de la imponente “Catedral en proyecto” de mi pueblo.

                San Ignacio Guazú transita orgulloso por sus cuatro siglos de existencia y el casco histórico de la misma transmite aires de magia, encanto, pasión y enigma. La Iglesia que sustituyó a la antigua, demolida por orden de propios y extraños es el sitio de encuentro de la mayor franja poblacional. Es el territorio delimitado por nuestro protagonista.

                Se declara demente, tal como lo dice la frase que inspiró nuestro artículo. Augusto lo conoce muy bien, como lo conocemos todos los parroquianos ignacianos. Es un genio. Un joven brillante que fue funcionario de una institución pública y de repente, se alejó del mundo, de “nuestro mundo”, al que llamamos soberbiamente “civilizado”, para vivir el suyo propio. Aquel que pocos eligieron para vivirlo. O fueron llevados por la corriente mental hacia ese cauce. Libre como el viento. En la casa que él eligió. Sin molestar a nadie. Vive ahí. En la Iglesia. En el templo de la ciudad donde diariamente hay actividad. Su única tarea diaria es hace sonar la campana que lo realiza maravillosamente.

                Él es. “El loco de la Iglesia”. Auto declarado demente, pero con rasgos de lucidez increíble. Hasta hace tiempo cuando funcionaba aún una universidad privada en la vieja Escuela aledaña, tenía como hobby cruzar la calle Cerro Corá e ir a divertirse con los números. Genio en matemáticas. Ahora, sus amigos preferidos son los jóvenes del colegio secundario de la cercanía. Con ellos sigue enhebrando complicadas fórmulas. Lo hace ex profeso. Lo vuelve complicado para demostrar lo mucho que sabe.

                Inspirado por el blog del amigo Augusto. Rápidamente descubrí a quien se refería. Quería presentarles. Es él. El mismo de esta foto. Quien día a día nos enseña que cada uno podemos vivir un mundo, pero que él, eligió el de la libertad absoluta: el fascinante mundo de los que “los normales” llamamos loco!.

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