lunes, 14 de noviembre de 2011

"El fantasma de Isla Timbó". (cuento)


Ahí está. Omnipresente. Omnipotente. Nadie lo ve: todos lo sienten. La leyenda supera el paso de generaciones. Cuando surgió? Es la eterna interrogante, similar a la del huevo y la gallina. Pero él o ella sigue ahí. Tiene una autoridad. La que tantos humanos luchan por obtener: autoridad moral. Aquella que no es ninguna concesión graciosa, porque se la gana. Es una deidad que genera devoción de propios y extraños.

Y él o ella la ganó. A veces se viste de hombre, otras veces de mujer. Con merecimiento o no, pero todos le temen. Es que da miedo. A algunos les llega incluso el espanto como a la respetable Margarita Enrique y comitiva quienes testimonian haberla visto rubia y con manta blanca. El manto de oscuridad es su aliado. Pocos son los que se atreven desafiar su autoridad nocturna. Muchos hemos optado por ir a bajarnos a Santiago, General Delgado o San Patricio, cuando el bus intentaba dejarnos en el lugar. Los choferes y guardas de los colectivos nos comprendían con una picaresca sonrisa. Es que la fama del fantasma de Isla Timbó se ganó su prestigio.

Es un sitio sagrado. O para los otros: es un sitio donde no podemos quedarnos porque la podemos pasarla mal. Como muchos incautos o valentonados que pretendieron vanamente pisar el sitio donde el “pora” puso su firma. Muchos fueron “cordialmente” invitados ya sea por su sonido o por su imagen a una “maratón” de cinco kms. hasta San Patricio. Muchos ganaron en velocidad gracias al susto.

Él o ella sigue ahí. Quizás vino con el primer grupo de obreros de la Represa Yacyreta, cuando todo terminaba en ese paraje. Desde ahí, abrieron el esteral y superando el deseo sanguinario de los mbariwi construyeron esa obra maravillosa.

El duende vino para quedarse. Ahí está. El lugar tiene “pora”. Los testimonios abundan. La leyenda urbana superó los límites de Misiones y se extendió a lo largo del Paraguay. Este mismo sitio. Atractivo. Bien construido. Un desvío que cumple con los mínimos requisitos del estándar internacional.., pero algo no previeron: es el sitio donde un “fantasma” se adueñó.
Desde niño escucho su historia. La misma historia ratificada por miles de almas de misioneros y de otras tierras. Las pruebas testimoniales abundan y hoy, en esta tarde gris quería relatarles…. La historia del “pora” de Isla Timbó…. Espero que nunca aparezca en mi camino. Yo por las dudas…. le tengo un sacrosanto respeto.

Yabebyry, 14 de noviembre de 2011.

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