Charla en Santa Rosa Misiones. "El aporte de los hijos de Misiones en la historia de la patria".

Fue una noche única. Sensacional. Ni el diluvio pudo contener el éxito de la actividad. El local del Centro de Cultura y Turismo se abarrotó de personas. Un diálogo ameno, cordial con los asistentes. En el marco de los "miércoles culturales" de la Cooperativa Universitaria. Ahí estuvimos y éste fue el contenido de nuestra disertación.

Cuando desde dos siglos y un año de distancia analizamos los acontecimientos ocurridos durante aquellas históricas jornadas del 14 y 15 de mayo de 1811 indefectiblemente debemos acudir a las fuentes que puedan proyectarnos hacia esos días donde la patria que se concibió mucho tiempo antes, definitivamente naciera para que hoy nos reunamos y reflexionemos sobre el suceso.

Y dicha proyección aumenta cuando lo analizamos desde la perspectiva del sitio geográfico donde nos encontramos. Y resulta así, porque desde las históricas Misiones Jesuíticas el pensamiento libre, la soberanía de la zona y el respeto a la identidad cultural de las autóctonas poblaciones indudablemente constituyen un hito que no puede pasar desapercibido a cualquier estudioso de la historia.

Es así que la Independencia del Paraguay se produce exactamente dos siglos después que las Misiones Jesuíticas se hayan iniciado como un admirable y asombroso sistema que partiendo desde San Ignacio GuaZú, siguió con Santa María, sigue intacta con testimonios materiales como la histórica Acera Jesuítica de Santa Rosa Misiones. Nos referimos a la misma civilización que a la luz de los años se ha diseminado en territorio que hoy forma parte de tres países del Mercosur.

Fueron treinta pueblos donde se avizoró este fenómeno histórico cultural y donde los indígenas sin perder su identidad se unieron a la labor pastoral de los jesuitas para sentar las bases de las generaciones actuales donde pertenecer a este territorio además de constituir un motivo de orgullo con la rica historia es un compromiso.

Por ello. Los sucesos ocurridos en Asunción el 14 y 15 de mayo de 1811 no sorprendió a la población misionera de aquel tiempo. Es que dos siglos antes se plantaron las semillas de un pensamiento propio y que se proyectó a lo largo del tiempo. Es igualmente por dicha razón, que hoy a cuatro siglos y tres años de distancia, tampoco nos vemos sorprendidos por acontecimientos que se relacionan con el sentido de pertenencia a la historia de nuestros pueblos.

Y esa línea de razonamiento indefectiblemente debemos desarrollar cuando hablamos de la Independencia de la República del Paraguay estando apostados en tierras misioneras, sin que signifique ningún regionalismo ciego o fanatismo provocado por intereses oscuros, sino la real comprensión de los sucesos ocurridos en ese rico ayer.

Es que el pensamiento también coincide con los padres de nuestra patria chica. O acaso Marcial de Lorenzana, Arapysandú, el Padre Jacobo Ranzonier y tantos otros nombres no soñaban con una patria liberada  de la opresión o de los esclavizantes sistemas de encomienda, yanaconazgo y la mita al que habitualmente se refieren los estudiosos de la historia de Latinoamérica. Ninguno de ellos fue practicado en las Misiones Jesuíticas. Es decir, nuestra gente, nuestro pueblo, dentro del sistema en que vivían, tenían cierta libertad y soberanía, lo cual significa que podían hacer su vida.

¿O en nuestra zona se produjo el mismo fenómeno que en Perú cuando Tupac Amaru luego de ser apresado, engañado, torturado, fue vilmente asesinado frente al estupor de su pueblo y de su gente?. Ello no ocurrió en nuestra zona. Ello era imposible que sucediera en Misiones, gracias a la visión de verdaderos estadistas de nuestros caciques y la identificación con la causa indígena de parte de los jesuitas.

Identificación que le costó caro a la orden religiosa, ya que en 1767 tuvieron que retirarse del país por su expulsión ordenada por Carlos III  quien el 27 de febrero de 1767, firmó la orden de expulsión de los jesuitas de todos los dominios de España y la confiscación de sus bienes.

Y Misiones es cierto, quedó huérfana, pero nuestros valientes abuelos y bis abuelos tomaron la posta. No les asustó el desafío. Eran conscientes que la historia debía continuar y ellos los convocados a esa selección de hombres y mujeres que debían comenzar a escribirlo.

Y es así, que a solo 44 años de aquella expulsión, se producía a 250 kms. de distancia, es decir en Asunción, el grito libertario de los padres de la patria.

Misiones se mantenía en pie. Inalterable. Gallarda. Aportando sus hijos a la historia grande del nacimiento del Paraguay. Nuestro representante se llamaba, José Agustín Molas. Sí. El mismo. El a 20 kms. de este punto donde nos encontramos comenzó su rica labor pastoral para proyectarse y ser junto a Fernando de la Mora uno de los líderes intelectuales de la gesta patria y el asesor de uno de los hombres más brillantes que la patria diera hasta la fecha: Gaspar Rodríguez de Francia.

Nació en 1787, dos décadas después de la expulsión de los jesuitas. Hijo de Don Pedro José Molas y Doña Úrsula de la Costa. Formado en el Colegio Seminario de San Carlos. Ordenado sacerdote en Asunción. Fue capellán de las fuerzas que enfrentaron a las tropas argentinas comandadas por Manuel Belgrano. Sirvió ejemplarmente auxiliando a los heridos y hasta tomó las armas cuando la situación lo requirió. Son conocidas las conversaciones que Molas mantuvo con Belgrano luego del armisticio del 10 de marzo de 1811. Allí expuso con claridad la posición paraguaya. Después de la revolución del año 1811 fue designado capellán del ejército paraguayo.

A éste misionero, mariense como tantos otros, se debe la separación del Gobernador Bernardo de Velasco del gobierno y la nómina de una Junta presidida por Fulgencio Yegros e integrada por Rodríguez de Francia, Fernando de la Mora, Francisco Xavier Bogarín, y Pedro Juan Caballero. Amigo íntimo del Dr. Rodríguez de Francia apoyó su asunción como Dictador Temporal. Sin embargo en el año 1816, se opuso a su designación como Dictador Perpetuo calificando la fórmula de “Monarquía con mascara republicana”.

El Dr. Rodríguez de Francia no lo perdonó por tal declaración y le persiguió durante largo tiempo hasta llegar incluso a involucrarlo en un caso de homicidio y apresarlo.

En la prisión, Molas escribió una obra interesante “Descripción Histórica de la Antigua Provincia del Paraguay”, obra de mérito excepcional y además realizó tradujo obras francesas.

A la muerte del Dictador Rodríguez de Francia en el año 1840, Molas salió de prisión y vivió cuatro años más. Algunos historiadores señalan que paso sus últimos años en Caapucú, mientras que otros indican a la ciudad de Pilar como su hogar final.

Misiones siempre fue un lugar estratégico en la historia de la patria en el sur del Paraguay. La ausencia de Fulgencio Yegros en los momentos cruciales del 14 y 15 de mayo se debía justamente a su condición de Tte. Gobernador de estas tierras.

Es ahí donde se produce el contacto, la identificación, el protagonismo de Yegros con nuestro rico ayer. Y es que 2 meses y cinco días antes de los hechos conocidos, es decir el 9 de marzo de 1811 asume tal funciones.

En efecto, al ser contenido el avance de las tropas de Belgrano en Tacuary en un episodio poco conocido por la historia oficial y que muchas veces inclusive se ignora en las aulas, Fulgencio Yegros asumió el poder en nuestras tierras.

Según Margarita Durán terminada la batalla de Paraguarí, Velasco organizó la persecución al enemigo, para lo cual nombró como comandante de avanzada a Fulgencio Yegros; este debía “pisarle los talones a Belgrano”. Se sumaron luego, Antonio Tomás Yegros, con su compañía de cuarteleros; Blas José de Rojas Aranda, con su infantería, y el capitán Vicente Antonio Matiauda, pariente de los Yegros y tatarabuelo del dictador Alfredo Stroessner Matiauda, con las milicias de Yuty, Cangó y Bobí (San Pedro del Paraná y General Artigas, respectivamente).   

Resumiendo hoy con el paso de los años se puede afirmar con certeza que la revolución del 14 de mayo de 1811 resultó ser el corolario de una conspiración gestada en las carpas de la oficialidad paraguaya, triunfadora como queda dicho, en las batallas de Paraguarí y Tacuary, tan cercanas al sentimiento misionero.

Por haber sido uno de nuestros primeros defensores militares, el primero Teniente Gobernador del Paraguay en las Misiones, aún dos meses antes de la gesta liberadora, por haber luchado a favor de la causa nacional y convertirse en uno de los héroes de la patria en la Independencia, Fulgencio Yegros también forma parte de la rica historia del departamento de Misiones porque quizás la tranquilidad de nuestras verdes praderas y la apertura de nuestras solidarias tranqueras lo hayan inspirado en sus sueños patrios.

Y no fueron estos dos únicos hombres y nombres que Misiones aportó al nacimiento del Paraguay. A la independencia del yugo español. A las corrientes intelectuales de aquel tiempo y de hoy.

El tránsito de la vida histórica de la patria, siguió su rumbo y es así que nuestros barrios populares que son el corazón de la patria, con sus calles muchas veces polvorientas y los anónimos rostros de los compatriotas continuaron erigiéndose en los mudos testigos del paso de generaciones que fueron dejando sus huellas hasta ser protagonistas de este tiempo de reflexión y renovación del compromiso con la patria.

Y corresponde a todos los sectores, a las organizaciones sociales, a las cooperativas y principalmente a La Academia, lo cual es decir, a los educadores replantear nuestra tarea, de manera a descubrir y re descubrir los temas relacionados con nuestra vocación.

Los dos siglos y dos años de existencia del Paraguay, no nos puede sorprender con la espantosa quietud de un pueblo sin perspectivas y mucho menos desde el segmento del cual se esperan las transformaciones positivas de la sociedad actual.

Somos los seres humanos los que construimos la historia (de forma consciente o inconsciente) y también somos los más afectados por la misma. Por ello, con la fuerza de nuestras convicciones, hoy nuevamente afirmamos y sostenemos que “se PUEDE enseñar con entusiasmo y compromiso”, como también se debe ejercer el oficio docente contribuyendo fuertemente a la construcción de un Paraguay mejor.

Es el punto de partida, de este tren imaginario que desea llegar a un puerto preciso y  no imaginario. Una sociedad con perspectivas, sanamente orgulloso de su pasado, consustanciado con su presente y comprometido con su futuro. Los misioneros debemos esforzarnos en nuestro trato mutuo y fundamentalmente en los espacios sociales a recrear, debatir e incluso discutir ideas.

Las mismas ideas que están relacionadas con el pensar y sentir de quienes proyectaron y diseñaron la patria. Relacionarlos con nuestra realidad social, ya que ella es la materia prima para seguir avanzando.

Eso soñaron nuestros héroes. Quizás con las limitaciones de aquel tiempo, pero hoy la lucha debe ser por la independencia de criterio, la independencia de pensamiento, no ser víctimas de esta agresiva campaña incluso mediática donde pretenden uniformizar el pensamiento y coartar nuestra independencia.

Ser independientes igualmente significa ser ciudadanos. Dejar de ser una masa inerte y amorfa para comenzar a construir ciudadanía. Es el camino para construir dos siglos y dos años después una República democrática, inclusiva, solidaria y hospitalaria, sustentado en sus cimientos en aquellos sueños y esperanzas de los forjadores de nuestro pueblo, nuestra identidad cultural y la manera en que se sistematiza toda la corriente del pensamiento paraguayo.

Es por ello, que deseo ratificar el compromiso de los gremios con la sociedad y la patria. En este caso de la Cooperativa Universitaria que no pudo tener mejor decisión que propiciar éste tipo de actividades académicas, culturales e históricas. A medida que se enfatice en la organización de éste tipo de encuentros, vamos ir construyendo ciudadanía sustentada y afirmada en la base del libre pensamiento. Esa es una de las claves. Y que sirva éste evento para enarbolar las banderas de lucha por la dignidad de toda la sociedad paraguaya en base a lo que hemos sido, somos hoy y seremos mañana.

Es absolutamente prioritario e impostergable vincular la enseñanza con la vida cotidiana. Debemos descubrir nuestro entorno y descubrirnos a nosotros mismos. No es una simple operación matemática que lleva a la exactitud. Su valor justamente radica en su complejidad. Debemos vivir la educación como observación y aprendizaje de la vida.

El derecho de aprender nuestra historia, debe tener directo correlato en la articulación entre el aprendizaje en aula de los contenidos curriculares y los datos de la realidad que POR DERECHO y POR DEBER los alumnos debieran manejar.  Esa articulación debe darse porque la enseñanza media y su importancia como oportunidad irrepetible para el educando, es también una oportunidad única para la comprensión de las realidades sociales propias-regionales y cotidianas.

No podemos negar a nuestros jóvenes un crecimiento intelectual mediante la sensibilización y si es posible concienciación, del medio en el que está inserto en su carácter del SUJETO SOCIAL, componente esencial para la CONSTRUCCIÓN DE CIUDADANÍA…

Ese era el sueño de nuestros héroes de la independencia patria. Ese era el sueño de los padres de Misiones hace cuatro siglos y dos años de historia. La misma historia que luego de que el Paraguay naciera siguieron impulsando héroes militares y civiles, tales como el único misionero que ha llegado a la Presidencia del Paraguay hasta la fecha como el florideño Luis Alberto Riart Vera o su compueblano Miguel Acevedo Llanes, el padre del caricaturismo paraguayo.

El mismo sueño que impulsaron los sanmiguelinos Guillermo Molinas Rolón y Oscar Creyd Abelenda, entre otros de la capital de la lana.

O los que desde San Juan comenzaron a sembrar toda su historia y legado de paraguayidad, hombres y nombres como Agustín Pío Barrios, Pastor Bogarín Argaña y tantos ilustres que la capital departamental dio a la patria.


Es que Misiones en estos años no quedó dormido en el letargo y sus hijos en la quietud de los que se desentienden. Así San Ignacio GuaZú y las demás tres ciudades jesuíticas como Santa María, Santa Rosa y Santiago también aportaron lo suyo. Y no precisamente desde 1811, sino desde mucho tiempo antes.

Ayolas Misiones que siendo la sede de la hidroeléctrica más grande en infraestructura en gran parte del mundo, o la histórica y aislada Yabebyry que con Juanita Pesoa y Rafael Barrett también instalaron su nombre en el desarrollo de la patria.

En definitiva los nacidos en esta tierra tenemos el peso del compromiso de nuestra historia. La misma historia que partiendo desde hace cuatro siglos y dos años de existencia apellidos como Lorenzana, Arapysandú, Choo, Pana, Mbirichua, Tañara, Ranzonier, Padre Manuel  Berthod y tantos otros iniciaron el proceso histórico que hoy seguimos.

O quienes estuvieron en el nacimiento de la patria, donde ya resuenan los nombres de José Agustín Molas, Fulgencio Yegros que siendo Tte. Gobernador de estas tierras formó parte del grito libertario.

O cuando la patria, desde los humedales del Ñeembucú hasta la masacre de Cerro Corá acompañó al Mariscal Francisco Solano López y en las fuerzas paraguayas contaba con nacidos en Misiones, como el Santiagueño Comandante Alejo Ramírez o los ignacianos Eduardo Ramírez y María del Socorro Palacios y Toribia Acosta quienes formaban parte de la Escolta de Madama Lynch.

Es por ello que el compromiso con la independencia del Paraguay se renueva. Dia a dia. En cada uno de nuestros actos cotidianos. Es ahí donde se prueba nuestro sentido de pertenencia al país y a la región. Es ahí donde nos autoevaluamos en cada una de las acciones de las cuales somos protagonistas.

Y ese sentido de pertenencia es identificarse con el país liberado, pero sin renunciar a nuestro rico pasado. Es una cuestión de honor. El grato honor de formar parte de la historia de las Misiones del Paraguay. Buenas noches.



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