miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un día como hoy fallecía en Asunción a los 100 años, la ilustre No. 14 de nuestra galería. Cien hombres y mujeres de Misiones que hicieron historia.


14-       Miguela Concepción Frutos Romero vda. de Pérez. San Ignacio. “La primera universitaria de Misiones, hija de un ilustre del Bicentenario misionero. Benemérita de la patria. Sanadora medicinal”. Son tantos los adjetivos que podemos utilizar para intentar titular la brillante hoja de ruta de nuestra ilustre de este segmento. Desde sus raíces ya comienza con el pie derecho en el sentido de haber sido hija de Enrique Frutos, ilustre No. 119 de nuestra galería que desfila en la obra “Los 200 misioneros ilustres del Bicentenario del Paraguay”.

 “Doña Conchita”, tal como se lo conocía nació en San Ignacio, el 29 de setiembre de 1909. Tal como afirmamos en el párrafo anterior, es hija de Don Enrique Manuel Frutos, propietario de la primera Botica de Misiones, llamada “La Misionera” desde donde ejerció su profesión de atender a los enfermos de todo el departamento desde 1904 hasta 1950.

Fue su madre, Concepción Hermenegilda Romero, Directora de la Escuela de San Ignacio, Maestra Normal, mejor egresada de la promoción 1901 de la Escuela Normal dirigida por las Educadoras Celsa y Adela Speratti. Nuestra ilustre, fue la cuarta entre los siete hijos del matrimonio Frutos Romero. De su  padre heredó la vocación de curar, mientras que de su madre la de enseñar a sus pacientes: ya que aprovechaba cualquier circunstancia para instruir a la población de aquel San Ignacio Guazú.

Su vocación hacia la carrera farmacéutica lo motivó para insistir a su padre trasladarse hasta la capital del país. La decisión para sus padres no fue tan fácil en aquel San Ignacio Guazú de caminos de tierra y a una distancia importante de Asunción. Finalmente en base a su insistencia y línea de conducta pudo convencer a sus padres. Se trasladó para vivir en el domicilio de su hermana Adelaida, quien estaba unida a un asunceno: Ceferino Antúnez, que había sido  comisionado como Gerente del Banco de Fomento de San Ignacio donde conoció a su esposa.

Ya en la capital, ingresó en el Colegio Nacional de la Capital en el año 1925 con otras 17 compañeras mujeres entre muchos varones. En 1930 se recibió como única mujer entre 35 varones, obteniendo junto a Isaac Schuarzmann las más altas calificaciones de la promoción.

En 1931 ingresó en la Escuela de Farmacia con otros seis compañeros de la Promoción 1930 y estando en el 2º Curso estalló la guerra del Chaco. Cuando los clarines de la guerra se hicieron escuchar, la patria convocaba a los estudiantes de la Escuela de Farmacia y los de la Facultad de Medicina para prestar servicios en el Hospital Central de Asunción, de manera a atender a los heridos que comenzaron a llegar de la contienda. Los estudiantes de farmacia tenían como misión preparar la medicina que era enviada al frente de batalla. Sirvió como oficial  2º de Sanidad durante los años de guerra alternando con los estudios de la carrera en la medida que las circunstancias permitían para el desarrollo de las clases.

En 1935 recibió su título de Química farmacéutica en la Escuela de Farmacia convertida en Facultad de Química y Farmacia ese mismo año por los buenos oficios del Dr. José Esculies.
Sus raíces eran fuertes, lo cual influyeron en ella para volver a su pueblo natal. Ya afincada nuevamente en ésta ciudad, cooperó con su padre en la Botica que se convirtió desde entonces en Farmacia La Misionera. Fue la única universitaria de Misiones y quizás de todo el interior durante mucho tiempo.
En 1937 se casó con Don Julio Pérez, ciudadano argentino radicado en San Ignacio, dedicado a la actividad comercial. Nacieron tres hijos de este matrimonio Julia Teresita, religiosa teresiana, Maria Anselma Concepción Química Farmacéutica como su madre y Julio Enrique, contador público como su padre.
 Desde su mostrador de farmacéutica ejerció su gran vocación de atender a los enfermos  en San Ignacio hasta el año 1951. Este año el matrimonio Pérez Frutos se trasladó a Asunción para posibilitar a sus hijos los  estudios secundarios.
Adquirieron una casa en el Barrio Ciudad Nueva, frente a la Plaza Batallón Cuarenta en la que se instaló la Farmacia La Misionera donde nuestra ilustre siguió ejerciendo su vocación de curar. Allí permaneció durante 30 años al servicio de la gente del barrio que hasta ahora la recuerda con cariño y admiración por su eficiente servicio y su atención cariñosa, paciente y desinteresada.
Amparada en la Constitución Nacional de 1992 se lo permitió, reclamó el pago de su sueldo de veterana que lo consiguió recién en el año 2004.
Su cariño hacia su pueblo natal lo siguió demostrando en sus años adultos. Es así, al cumplir 89 años, le solicitaron desde San Ignacio por medio de la Sra. Esperanza Pérez de Del Puerto, sobrina de su difunto esposo, la donación del predio que hoy ocupa la Capilla de San Roque González de Santacruz, ubicada sobre la avenida José Félix Bogado que pertenecía a sus padres Don Enrique Frutos y señora.
Luego de consultar con sus hermanos sobre la propuesta que le hacía la Sra. Esperanza en nombre de la Iglesia, hubo unanimidad en donar el predio a la Iglesia Católica. La misma rápidamente se concretó y a la inauguración asistió nuestra ilustre ciudadana. La celebración lo realizó el Obispo Diocesano de Misiones y Ñeembucú Monseñor Mario Melanio Medina, con la asistencia de muchísima gente.
Fue la última vez que visitó a su pueblo natal de San Ignacio lleno de gratos recuerdos para ella y su familia. Falleció en Asunción en la madrugada del 28 de diciembre de 2009 a los 100 años de edad y sus restos mortales fueron inhumados en el Cementerio del Este junto a su esposo Don Julio Pérez.

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