martes, 14 de junio de 2011

Cuando las palabras no alcanzan, bien valen las imágenes.

Impresionante cantidad de asistentes anoche en el lanzamiento del libro. Agradecemos a todos los que hicieron posible el exito de la actividad.
Podemos escribir muchas líneas. Podemos apelar a los adjetivos mas descriptivos de nuestra lengua, pero ellos no alcanzaran para dimensionar la noche mágica que vivimos anoche en la Coopersanjuba, filial San Ignacio Misiones. Fue una noche sensacional, donde las imagenes hablan por sí solas. Por ello, primero reproducimos nuestro mensaje de presentación y luego seguimos con las imagenes de la actividad.
Cuando cae la noche misionera, nuestros arroyos y praderas hacen lugar al encanto que parecen una creación divina donde los duendes se apoderan del universo y son los hijos de ésta tierra roja quienes embriagados por la paraguayidad inventan un espacio para el pensamiento y proyectan un destino mejor.

Esta noche vivimos noches que en la historia de esta tierra roja habrán pasado. Con las características de una noche de junio, pero con la diferencia que nos congregamos acá en el corazón del departamento para evocar la memoria de quienes con su legado hoy son motivos de sano orgullo y compromiso a quienes nos corresponde la difícil misión de seguir construyendo el edificio cuyos cimientos ellos lo elaboraron.

Fueron noches como ésta, donde nuestros ilustres, quizás aún sin comprender la real dimensión de la tarea que encaraban han dado el salto a la inmortalidad, realizando obras que lo hacen merecedor en éste año del Bicentenario del Paraguay y los 402 años de las Misiones Jesuíticas, de aparecer entre los doscientos varones y mujeres que brillaron con luz propia en estos dos siglos de existencia. Son nuestros faros que iluminan el firmamento eterno de Misiones, sustentados en el sacrificio y amor al hermano, aportando todo su talento para la misma sociedad que lo cobijó entre sus miembros.

Fueron noches como ésta donde las estrellas y la luna misionera alumbraban el camino, para que desde Santa María José Agustín Molas sea el autor intelectual de la gesta de mayo o unas décadas después, el sabio Amado Bonpland preparaba una receta para sanar a un poblador que llegara junto a él y que finalmente lo salvara su propia vida.

Fueron noches como ésta las que habrá inspirado a Agustín Pío Barrios, José del Rosario Diarte Ever Darío Soto y Delfín Chamorro en San Juan, Guillermo Molinas Rolón en San Miguel, Ernesto Rodas, Alíder Vera Guillén, Pedro Eligio Vera Achar, Claudio Báez “Trompetieri” en San Ignacio o a la excelsa Juliana Trinidad Ríos Acevedo con su brillante guarania Santa Rosa de Lima en la capital del algodón misionero. Chingolo Colmán en noches como ésta habrá redactado la inmortal Reminiscencias Sanjuaninas o 50 kms. más al norte Eduardo Ramírez Bordón hacía volar su imaginación con su Villa Florida portal de las históricas Misiones el Paraguay.

Estas son las noches misioneras. Son nuestras noches. Donde quizás en una jornada como hoy, escuchando el sonido de los pájaros y el arroyo Yabebyry Ysyry, cerca del montado Juanita Pesoa cortejaba con el Mariscal Francisco Solano López con quien tuviera tres hijos.

O en San Juan Bautista, nuestro inmortal pastor de la Iglesia, Monseñor Ramón Bogarín Argaña estuviera en el ejercicio intelectual sostenido bajo el principio de la opción preferencial por los pobres de nuestra Iglesia Católica, indicando el camino a seguir a otros religiosos que continuaron por la misma senda como los sacerdotes jesuitas Luís Parola, Antonio Boix y Joaquín Vericat en San Ignacio.

Fueron éste tipo de jornadas nocturnas, las que inspiraron a Rafael Barret en la soledad de Yabebyry, en el paraje de Laguna Porá para sus geniales creaciones como El Dolor Paraguayo y Moralidades Actuales. O el Prof. Alberto Delvalle desde Ayolas partía rumbo a un escenario de la Guerra Grande en busca del tesoro perdido, en su incansable tarea de rescatar nuestra rica historia paraguaya.

Cómo olvidar éste tipo de noches. Si lo que hacemos, ya lo hicieron nuestros ilustres. Porque fueron noches como éstas… las que impulsaron al Cap. Justiniano Rodas Benítez a presentarse ante el Mariscal Francisco Solano López y jurar lealtad eterna. Y vaya lealtad. Si llegó junto a López hasta Cerro Corá con dos damas ignacianas como María del Socorro Palacios y Toribia Acosta.

Fueron jornadas nocturnas donde el manto de oscuridad fue alumbrada por la sapiencia de nuestros ilustres de hoy. Así, en Villa Florida el único misionero que llegó a la Presidencia de la República se formaba porque sabía de su compromiso con la sociedad: Luís Alberto Riart Vera.

O acá en San Ignacio, el intelectual quizás más brillante que tuvimos en estos cuatro siglos y dos años de existencia: Saturnino Ferreira Pérez, creaba sus obras para la alegría de nuestra generación que saciamos nuestra curiosidad por el pasado mediante esas geniales creaciones e Nanino, quien quizás paralelamente estaba en una animosa tertulia familiar con su ilustre hija la Arq. Stella Ferreira de Sánchez.
Fueron noches como ésta, donde la tranquilidad de las familias misioneras y el tiempo libre lo utilizaban para el ejercicio del pensamiento. Nuestros ilustres pensaban. Planeaban. Actuaban con inteligencia y eso los volvió inmortales. En San Juan, el Coronel Alfredo Ramos, Monseñor Gabino Rojas, Raimundo Llano, Antonio Ramos, Ladislaa Lilé González, María Lelia Luisa Salazar, entre tantos otros.

También fue éste tipo de noches de junio, donde nuestros artistas hicieron grandes creaciones. Fue en San Ignacio que se inició y llegó hasta Buenos Aires el brillante artista plástico ignaciano Feliciano Centurión, quien conquistara la Atenas de Sudamérica. Mientras que a 30 kms de éste lugar, en San Juan Bautista también hacía volar su capacidad creativa Pedro Juan Agüero Lugo. O el gran primer caricaturista paraguayo, el florideño Miguel Acevedo Llanes.

Claro, fueron en jornadas nocturnas como éste lunes de junio donde nos reunimos, que médicos como el Dr. Juan Francisco Facetti y el solidario e inolvidable Juan Carlos Benítez Cuenca salvaban vidas en San Juan, o acá en San Ignacio Aníbal P. Espínola o el Dr. Pedro Esteche Setrini acudían al llamado de un paciente que precisaba de atención urgente. O aquellos inhóspitos parajes marcados a sangre y fuego eran desafiados porque su misión era más noble, ya que constituía en salvar vidas, allá por los humedales del Yabebyry se escuchaban el galopar del caballo de Perpetua Domínguez de Silva “Ña Pepe”. O el llanto de un niño recién nacido, era escuchado como en tantas jornadas por Isabel More a la vera del Tebicuary en Villa Florida.

Fueron en jornadas nocturnas como ésta las que inspiraron a Silvano Ortellado Flores, Luís Gonzaga Pereira, Dionisio Rodas, Diego Rodas, Elixto López, Francisco López, Policarpo López, Adolfo López, Alejandro Falcón en Santa Rosa y Martín Rolón en San Ignacio para luchar por sus ideales con las Ligas Agrarias Cristianas.

O en minutos como lo estamos viviendo ahora, nuestras educadoras como Alicia Gutiérrez de Mora en Yabebyry, Tomasa Oílda Riveros de Ortiz, Carlos Bareiro, Gloria Amarilla de Benítez, Edda E. Balbuena de Ayala o la Madre Josefina Carnevale Schianca en Santa Rosa, Alicia y Ofelia Cubilla, Ángela Cerone de Del Puerto, Concepción Romero y Antonia Orué en San Ignacio; la Prof. María Epifania Caballero de Quintana y Regina Zorrilla en San Juan, o Vilma Riveros Lezcano planificaban qué contenido desarrollar al día siguiente.

Quizás una noche como hoy, fue la que inspirara a Norberto Ortellado a redactar el primer boceto de Himno Nacional Paraguayo desde la tranquilidad de Santiago. O a 72 kms. de ese lugar, en San Miguel,  Oscar Creyd Abelenda pensaba en los fundamentos ideológicos de su agrupación política.

La valentía misionera también se formaron en jornadas como hoy. Fue en una noche de junio que quizás el Cap. Alfonso del Puerto pensaba que morir por la patria tiene sentido. El mismo pensamiento compartido por Merardo Palacios, Olivorio Talavera, el Coronel Patricio Maciel, el Cap. de Caballería Vicente Suarez, Juan de Dios Romero, Rufino Bordón, los once ignacianos en la Batalla de Acosta Ñu, el Sarg. 1º. Mateo Téllez González de Villa Florida y tantos otros nombrados en la obra que presentamos en la fecha.

Fueron en noches como ésta que quizás estaban participando detrás de su pensamiento político o del sentimiento que genera la pasión partidaria en algún lejano paraje de nuestro departamento, hombres que se volvieron inmortales por su compromiso social. Ahí están el Ing. Astelfo Delvalle Vigo, Marcelino Vera, Anuncio Fleitas Benítez, Florencio Centurión Marecos, Juan Bernal Benítez, Antonio Ruiz Peralta, Alberto Servín, Julio Afara, Egidio Teodoro Ruiz Pérez, Rubén Darío Setrini y Pedro Quintín Sachero en San Ignacio. Gumercindo Corvalán y Rigoberto Caballero Villalba en San Miguel. Luís Nilfio Maidana Chirive y Leongino Gaete en Santa María. Gerónimo Riart Bernaus, Doroteo Barrios entre tantos otros en Villa Florida.

Porque fueron en noches como la que vivimos hoy, que a solo dos cuadras de éste sitio participáramos de grandes jornadas de integración social, en el emblemático Cine San José, de la mano de Herminio Emigdio Bobadilla Arriola. Como no recordar aquellas hazañas deportivas con nuestro inmortal Miguel Angel Insaurralde, Jorge Galarza y los Campeones Nacionales de Interligas de los años 1978 y 1980. Así también a otros deportistas ilustres como Raúl Villalba de San Juan,

En definitiva, no deseo extenderme porque en el libro lo vamos a encontrar a todos. “Los 200 misioneros ilustres del Bicentenario del Paraguay” es una obra sustentada firmemente en las proezas de varones y mujeres cuyos descendientes hoy comparten con nosotros el nacimiento de


una humilde obra de rescate histórico.

Es una tarea que refleja igualmente nuestro compromiso con la sociedad desde la facultad. La carrera de Derecho de la Universidad Nacional de Pilar no puede estar ausente en un año histórico como el actual. Es por ello, que con la genialidad de los alumnos de los cuatro cursos de la Sede San Ignacio de la Facultad de Derecho de la UNP, como también la presencia de sus compañeros del 3er. Semestre de la UNA Filial San Juan Bautista y mis ex alumnos de la Facultad de Derecho de UNASUR estamos siendo partícipes de una noche de junio donde evocamos la memoria de nuestros héroes civiles y militares.

Asi, nos acompañan en este tren imaginario, Teodoro Brusquetti, Ramón Enrique Martino, Luis Saccarello, Pedro Rolón Melgarejo, Reinerio Achar, Teófilo Amarilla, Constantino Llano Martínez, Don Luís Esquivel, Arley Amarilla, César Tomas Sacarello, Hector Emilio Bottino Franco y entre tantos otros.

Finalmente deseo referirme a que éste tipo de noches eran las que utilizábamos en la humilde vivienda del Barrio Ytororo para las habituales tertulias con Yamila Cecilia Cantero Cabrera. Mi hermana. Si. Fueron noches como ésta las que compartíamos para intercambiar sueños y esperanzas por un futuro mejor. La cuadra que hoy inmortaliza su nombre es la muda testigo de nuestras conversaciones. Ella ha muerto, pero se dice que la vida es un sueño y la muerte es el despertar. Ella, como todos los demás ilustres han despertado y nos retrotraen las miradas hacia un porvenir de paz y esperanza. Fueron noches como éstas las que nuestros ilustres soñaron en participar. Las circunstancias hacen que hoy, nosotros, sus descendientes, colaterales o sencillamente admiradores nos reunamos y les rindamos un merecido homenaje.

Es por ello, que hoy “Los 200 misioneros ilustres del Bicentenario del Paraguay” está naciendo. El inocente llanto de un niño contradictoriamente nos genera alegría. Alegría y esperanza que sí podemos. Que Misiones es una tierra rica, de hombres, varones y mujeres que hicieron, hacen y seguirán haciendo historia.

Ese es el compromiso y desafío. Hacer nuestra propia historia. Escribir nuestra misma historia. No permitir que otros vengan a hacerlo por nosotros. Somos nosotros los protagonistas de nuestro tiempo y debemos actuar en consecuencia. Ese es nuestro deber, misión y compromiso, con nuestros ilustres, con la sociedad actual y con el futuro.

Muchas gracias.

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