Pág. 46. "Misiones o Alrevelandia". La historia de Merardo Palacios. "Karaí Meda"


Merardo Palacios.

Los pueblos del interior del Paraguay, al igual que muchos de Latinoamérica, poseen características similares, muchas de ellas aquietadas en el tiempo y en el espacio por razones conocidas, principalmente por la corrupción generalizada de la clase política. Aún así siguen su sendero natural, esperando un futuro con justicia social y pleno desarrollo de sus miembros.

San Ignacio es una de esas comarcas cuya riqueza histórica aún no fue descubierta en su totalidad. Existieron históricamente impulsores de la riqueza cultural ignaciana, pero lamentablemente fueron ignorados por nuestros coterráneos.

Misiones es un departamento de “santos”. Posee diez distritos, de los cuales, solo tres no tienen nombre de algún consagrado por el Vaticano. La razón es simple: fue un país aparte, donde fueron enviados los jesuitas en la época de la colonia. Entonces, los religiosos fueron fundando pueblos y ciudades, a cada uno de ellos dio el nombre de algún venerado. Comenzando por San Ignacio de Loyola, cuna de pueblos, antigua capital de las reducciones jesuíticas, lleva dicho nombre en homenaje a aquel capitán del ejército español, que abandonó las armas y formó una orden religiosa que tendría como sagrada tarea, convertirse en “soldados de Cristo para combatir por el mundo el pecado”.

A San Ignacio de Loyola, se suman Santa María de Fe, Santa Rosa de Lima, San Patricio, Santiago (ex San Ignacio del Caaguazú), San Juan Bautista y San Miguel. Solo se “salvaron” de nombres religiosos Ayolas, Yabebyry y Villa Florida.

La comarca hasta ahora es manejada por caudillos. Uno de ellos a principios de siglo tomó la comunidad para salvarla de la revolución que se desataba en la capital del país. A diferencia de Santiago, ubicada a 54 kms. al sureste de ésta, San Ignacio no fue tomada por abigeos, sino por uno de sus tantos caudillos que gobernaron la ciudad.

Era afiliado al Partido Colorado aún hoy en el poder. En una de sus tantas incursiones pueblerinas, Karaí Meda (Señor Meda en guaraní) tomó el casco urbano de la ciudad que no se extendía más allá del kilómetro cuadrado en aquel tiempo. Ocurrió en 1922. Recorrió las calles con un pequeño séquito de jinetes y él al frente, con su espada asegurando a todos quienes lo veían que con esa espada liberó a la ciudad. Obviamente no pasó a mayores, ni nadie salió a contradecirlo, so pena de pasarla muy mal.

Profundo conocedor de las costumbres pueblerinas, estando en una estancia que bordea la comarca, Medá perseguido, se enfermó y en la clandestinidad  hizo llamar a Enrique Frutos un médico ignaciano.

El dato contó el mismo Frutos, cuando le hace avisar, le envío un emisario, fue a atenderlo a caballo. Lo recibe, en una de esas, empieza a escuchar a cierta distancia algunos ruidos que parecían en principio de alguien que lo estaba controlado al caudillo perseguido y buscado por las fuerzas oficiales.

Meda se levanta, pide disculpas al médico, escucha el ruido e identifica que el mismo provenía de la gran selva, pero no pertenecía a un “ruido humano”, sino era del tero tero. Su conocimiento popular lo hacía capaz de distinguir que tipo de canto tenía un...///....

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