jueves, 18 de noviembre de 2010

Discurso durante el acto de presentación del Proyecto de Rescate Cultural Rafael Barret.

Abog. Cinthia Pelozo presidenta JCI 2011, Lic. Adelma Salas Intendenta electa, Fernando Acosta Intendente de Yabebyry, Abog. Camilo Cantero impulsor del rescate cultural, Lic. Gladys Montenegro CEPAG y Abog. Adolfo del Puerto Director de Proyectos JCI San Ignacio durante la Conferencia de Prensa de la fecha en el Escenario de la explanada del Templo San Ignacio.
RAFAEL BARRET EN SU PASO POR YABEBYRY.
            La historia de nuestra patria se encuentra signada por momentos de gloria y desaciertos. La República fue quemando etapas para finalmente desencadenar en éste proceso histórico actual. El odio y rencor en innumerables ocasiones fueron propiciados por los detentores circunstanciales del poder en perjuicio de hombres ilustres, quienes con su prolífica tarea se ganaron el respeto de propios y extraños.
            Uno de ellos fue Rafael Barret. El Maestro. Aquel español venido a nuestra patria por circunstancias hoy conocidas, pero que finalmente desencadenaron en que su paso por nuestro territorio no haya pasado desapercibido y sanamente nos intime a las generaciones actuales, a rescatar su legado, para - como lo dijera Augusto Roa Bastos-, contribuir desde un punto de vista insoslayable los problemas sociales y culturales de base que afronta ésta colectividad y por extensión, los del sector de la cuenca del Plata.
            Inspirados en los más sagrados principios de rescatar nuestra auténtica historia. Aquella que se marca a sangre y fuego por la participación de sus hijos, con los jóvenes de la JCI hemos impulsado el rescate cultural del más ilustre hombre de las letras que alguna vez se haya cobijado en territorio misionero.
            Y hablamos de Rafael Barret. Sí. El Maestro. El mismo que fue perseguido por la dureza y firmeza de su pluma, que allá por 1909 eligiera el hasta hoy recóndito paraje de Laguna Porä para reencontrarse con el hombre, consigo mismo, con su talento, vencer a la enfermedad que lo afligía y legarnos lo más maravilloso de su pluma.
            Laguna Porä, Yabebyry, Misiones fue el sitio. Fue su ubicación en el mundo. Fue la isla rodeada de verdor que él eligió para volver a la patria, la misma patria, donde las bestias y los oráculos, el intelectual X, las verdades amargas y la oligarquía de turno, lo expulsó al extranjero.
            Pero fue, la braveza del Paraná, el sonido de las aves del Arroyo Yabebyry, el polvo de Panchito López y la reina natura de Laguna Porä que le volvió a abrir los brazos para quedarse entre nosotros con sus obras por toda la eternidad. Es el sitio donde el maestro volvió a nacer. 
            La vivencia de Rafael Barret en Yabebyry no puede pasar desapercibido. El Departamento de Misiones no puede castigar con el olvido a su más ilustre huésped que vivió entre nosotros por un año. Porque fue en Laguna Porä, donde aún hoy el verdor de la naturaleza se confunde con el sudor de los hombres de campo, fue en ese mismo lugar donde se refugió “El Maestro” desde el 9 de marzo de 1909 hasta el 21 de febrero de 1910.
            Es el sitio donde a pesar de las circunstancias pudo coronar su más prolífica obra intelectual. Donde se reencontró con su esposa Francisca López Maíz y su hijo Alex, para luego de un año trasladarse hasta San Bernardino. El lugar que la tradición oral dejó marcada con una excepcional denominación: “Barret Kué”.
            Su vivencia en la población rural, su creación literaria y el legado histórico que nos otorgó a través de su brillante pluma, en una zona donde gran parte de lo “que ha visto Barret” aún permanece intacta, como si el tiempo se hubiese detenido en aquel lejano paraje del sur de Paraguay, regado por las aguas del Río Paraná y donde aún, -a pesar de la cacería del hombre- a la noche se pueden oír el rugir de los animales salvajes, que desde la inmensidad de la selva se unen al canto de la resistencia de la naturaleza a los constantes atropellos que sufre.
            Su paso por Yabebyry fue un soplo de aliento para su lucha contra su enfermedad. Fue un oasis en medio del ostracismo que templó su espíritu crítico basado en la cuestión social. El lugar del reencuentro íntimo, de la luz de esperanza representado por el pequeño Alex y donde expresó su voluntad de ser enterrado a la vera de la planta de un naranjo, que hasta la fecha se mantiene incólume a pesar de los matorrales que lo rodea y del abandono del específico lugar donde reposaba el escritor.
            Laguna Porä, más que un paso en su vida, es el sitio donde volvió a nacer. Por donde reingresó a la patria que adoptó como suya. Paraje desolado, aislado, inhóspito y desconocido para muchos, aún hoy a pesar de todos los avances, sigue manteniéndose casi en forma igual al de hace un siglo atrás y que debe ser reivindicado por ésta generación al cumplirse un siglo de la partida del Gran Rafael Barret.
            Es por ello, que hoy, un grupo de entusiastas misioneros, le decimos al Maestro Rafael Barret esté donde esté, que su lucha no ha sido en vano, que su pluma sigue más vigente que nunca, que lo que Ha Visto lo seguimos viendo sus discípulos, que los de zapatos de charol y cuellos planchados siguen huyendo cuando les leemos su inmortal “No Mintáis”, que “El Dolor Paraguayo” permanece en varias regiones del país y que su pluma sigue tan vigente como nunca.
            Pero, al igual que su artículo “Sueños” del 12 de abril de 1908, seguimos soñando. Si, ese hijo del cansancio y de la noche seguimos haciendo camino al andar, y si Maestro: “si la vida es sueño, también soñar es vida”. Por eso, hoy apostamos a la vida, apostamos a tu memoria, apostamos a tu legado. Rafael Barret pasó por Yabebyry, pasó por Misiones y hoy le rendimos un merecido homenaje. Buenos días.

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