Carlos Villagra Marsal sobre el Bicentenario. Diario ABC Color de la fecha.

CARLOS VILLAGRA MARSAL, ESCRITOR E INTELECTUAL DE NUESTRO TIEMPO (I)

Mestizos culturales surgidos de una “cabeza de invasión”

¿Qué significado tiene celebrar el Bicentenario de la Independencia Nacional? ¿Desde cuándo existe el Paraguay y cómo se fue conformando este país con sus pobladores genuinos? Estas son algunas de las incógnitas a partir de las cuales reflexionamos con el poeta, narrador, ensayista, periodista e intelectual Carlos Villagra Marsal. Con esta nota, a partir de hoy, comenzamos una serie de reportajes y entrevistas sobre hechos, pensamientos, situaciones y personajes de distintos ámbitos que marcan los 200 años de vida independiente. 

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Mestizos culturales surgidos de una “cabeza de invasion
Carlos Villagra Marsal, escritor, poeta e intelectual, autor de la novela corta “Mancuello y la perdiz”, publicada en 1965 y premiada por el diario La Tribuna.
Las grandes fechas históricas como el Bicentenario son la “oportunidad, la vocación, el momento de parar un instante, unos meses, en la actividad,  o simplemente detenerse para reflexionar  sobre el significado de lo que se está conmemorando, hacer memoria juntos”.   
  
Así lo entiende el Prof. Dr. Carlos Villagra Marsal, uno de los más destacados intelectuales de nuestro tiempo. A su criterio, esta es una buena ocasión para conmemorar no solamente lo que sucedió hace 200 años, sino para pensarlo como país. ¿Qué hemos sido antes del Bicentenario como país, como Nación?

Argumenta que el Paraguay es una de las pocas regiones del mundo, no solamente de América, donde “existe una Nación antes de existir un Estado”. Esto significa que en el Paraguay se dio el concepto de Nación mucho antes de la Constitución Política del país, previo a la Independencia. Incluso, “ya desde fechas tan lejanas, como el último cuarto del siglo XVI, con los llamados Mancebos de la Tierra, mestizos resultantes del pacto hispano-guaraní, técnicamente  llamado un pacto exogámico”. Este es un pacto en el que una de las partes “contratantes” entrega a sus mujeres en garantía.   
  
Es así -explica- que quizás desde la primera noche surge un pacto no escrito -los guaraníes eran ágrafos, no tenían escritura- entre los nativos y los españoles del séquito de Juan de Salazar y Domingo Martínez de Irala. “Ese pacto se realiza efectivamente con la aparición de los Mancebos de la Tierra,  que al revés de los demás mestizos de América, son considerados desde muy niños y adolescentes como parte de la clase dominante. Esto era algo muy raro porque en el resto del continente los mestizos no podían ser jueces, no podían testificar en juicio, no podían ser médicos, profesionales de ningún tipo, ni abogados. Si elegían la etnia de la madre no podían ser caciques, se les negaba la lectoescritura y sobre todo no podían montar a caballo ni podían portar armas de fuego. En Paraguay fue todo lo contrario...”.

-¿Por qué?, ¿cuál es la razón?
-Debido a una serie de circunstancias de orden social y lingüístico, etnolingüístico. Los españoles estaban obsesionados con la idea de llegar al Perú y, aunque ya había sido conquistado para entonces, ellos aquí seguían con el sueño de El Dorado.   
  
-Pensaban más en el oro que en otras cuestiones...   
  
-De hecho, Asunción fue fundada como lo que llaman los militares como una “cabeza de invasión”, un lugar precario desde donde iban ellos. Entonces, hecho el pacto, los españoles dejaron que las madres guaraníes educaran a sus niños, que era una vieja costumbre ancestral, en que los niños estaban hasta los siete años en poder de la madre y luego pasaban al cuidado del padre. A los siete años, esos hijos debían pasar al padre, que además nunca estaba, pues siempre estaba calando el Chaco, haciendo entradas en la tierra de los feroces guaicurúes, enemigos ancestrales de los guaraníes. Fue así que esos mestizos pronto adquirieron poder y, como no eran estúpidos, eligieron la cultura del padre.   
  
-No eran para nada tontos...   
  
-Imagínese que ya en 1580 había diez mil mestizos y seguramente 60 españoles. Eso hizo que el Paraguay se constituyera como Nación desde un punto de vista geográfico y sobre todo lingüístico. Esos muchachos que acompañaron a Juan de Garay a la segunda fundación de Buenos Aires se llamaban a sí mismos orgullosamente “paraguayos”.   
  
-Existimos mucho antes de la independencia...   
  
-Simple, el paraguayo se consideraba como Nación ya desde los comienzos mismos de la colonización. Al final esa colonización fue auténticamente agrícola porque muy pronto los españoles se dieron cuenta de que esta era una provincia que no les servía para el propósito inmediato de encontrar metales preciosos, porque aquí no los había. Nuestros orgullosos abuelos conquistadores -decía Ruy Díaz de Guzmán- muy pronto se volvieron granjeros. Esa fue la función de ellos, Irala y todos los demás vivían de su chacra y de la servidumbre indígena.   
  
-¿Qué otro aspecto relevante tenemos en esta conformación, ya cerca de la independencia?
-Otro acontecimiento importante de los sucesos de comienzos del siglo XIX es el aislamiento del Paraguay. Esta fue una región, sobre todo la Oriental, más todo lo que nos extrajeron con el Mato Grosso, el Pantanal y Corrientes, que conformaban la Provincia del Paraguay, que se constituyó y encerró como Nación. Un hecho investigado por el Dr. Rafael Eladio Velázquez -uno de los historiadores nacionales más auspiciosos e importantes- cita como un hecho trágico el que a partir  de la llegada de la última Adelantada, Mencia de Sanabria, hasta 1793, o sea durante más de dos siglos, no se establecieron ni vinieron más de 500 familias al Paraguay. Son más de dos siglos  donde no entraron al país -no hablamos de funcionarios coloniales que iban y venían con los pocos traslados que se daban,  sino de gente que venía a radicarse, españoles o extranjeros. Mientras, en México, Nueva Granada, Argentina, la Banda Oriental y, ni qué decir Brasil, recibían contingentes cada vez más grandes que venían a trabajar, a incorporarse a América. Paraguay en cambio estaba aislado, para bien o para mal...   
  
-¿Ud. qué cree...?
-Eso tuvo dos consecuencias. Una, que se reafirmó el sentido de identidad nacional evidentemente en 200 años encerrados. Pero otra cosa es que tampoco nos abrimos al mundo, de manera que el Paraguay es un país sumamente retrasado no solo en lo material, sino cultural, que los grandes pensadores, intelectuales y hombres públicos del Paraguay en su mayoría  se formaron en el exterior, incluso José Gaspar Rodríguez de Francia. De manera que el Bicentenario sirve para pensar cuáles fueron los pasos de esa independencia que fue accidentada, que tuvo una cantidad muy grande de coyunturas. De 200 años a esta parte se ha dado la predominancia de gobiernos absolutistas, al igual que en muchos otros lugares de América y que nos obligan también a preguntarnos ¿Qué sucedió realmente?    

-Me atrevo a preguntarle, ¿qué pasó realmente con el Dr. Francia?
-Hay que ver dos cuestiones. ¿Era su deseo realmente preservar la independencia del Paraguay, mantener férreamente la autonomía del Paraguay? o ¿era simplemente ansia de poder absoluto? No hay adicción más importante que la del poder, mucho más grande que la relación física de amor, el alcoholismo, la droga... que el poder. O por lo menos, fueron las dos cosas.   

-¿Por qué Francia hizo eso?
-La Argentina, país al que hemos mirado de más cerca desde hace tiempo, el estado en que se desarrolla y crece la República desde los años de su independencia, ni siquiera podría llamarse un país. Por un lado, la fuerza de los caudillos federales, caudillos de provincia, y por otro, los gobiernos y la gente de Buenos Aires -siempre mirando hacia Europa-  que explotaban económicamente a todas las provincias. En tercer lugar cabe agregar una enorme parte del territorio no conquistado, el territorio indígena que se conquista mediante un genocidio con el Gral. Julio Argentino Roca (luego presidente de la República) gracias a las Remington, a los fusiles de repetición; hordas y repúblicas enteras de caciques de la Pampa contra los cuales luchaban los unitarios, federales. Fue tan grande la violencia política, la anarquía, que el Dr. Francia tiene que haber mirado eso. Pero, por otro lado, ¿hasta qué punto correspondería eso con su deseo de poder absoluto? Hay muchas cosas que reflexionar. No soy francista ni antifrancista, lopizta ni antilopizta. Trato de ser lo más objetivo posible en lo que se refiere a mi país. 

-Ahora, ¿por qué la Guerra del 70 no destruyó, no aniquiló el país, ocupado diez años?
-Y porque se pelearon los vencedores. Es más probable que esa haya sido la causa de que el Paraguay ocupado no hubiese desaparecido como país. En primer lugar, aunque quedó solo con un 15% ó 20% de la Población Económicamente Activa, quedó algo de gente. Hubo lugares no alcanzados por la guerra; Misiones, por ejemplo, o el mismo Chaco.  El Dr. Francia consiguió un relacionamiento bastante tranquilo con los indígenas, al revés de lo ocurrido en Argentina. Carlos A. López fue el que en realidad separó a los pueblos indígenas, siendo el más grande estadista que tuvo el Paraguay en el siglo XIX. Al iniciarse la guerra el Paraguay era un país poderoso, con un nivel de industrialización y desarrollo tecnológico que no tenían otros países de América del Sur.

-¿Tuvimos el primer ferrocarril?
-No fue el primero, como se dice, pero sí el segundo o tercero. Fue un pilar central de la industrialización del país a partir de la Revolución Industrial, que es la siderurgia, y Paraguay tiene la primera siderurgia de América Latina en la que fue evidente el sentido de asistencia técnica de Carlos A. López. No era como ocurre ahora,  traer gente que viene a elaborar un informe que se guarda en un cajón y se va. López traía gente a radicarse aquí con el compromiso de transferir tecnología, conocimiento. Por  eso elegía técnicos solteros, jóvenes y conocedores que instruyeron a los paraguayos. Creo que todo esto hizo que el Paraguay sea un país raigalmente fuerte, con mucho sentido de independencia..., y eso nos ayudó.

1 El Paraguay es una de las pocas regiones del mundo, no solamente de América, donde “existe una Nación antes de existir un Estado”. Esto significa que en el Paraguay se dio el concepto de Nación mucho antes de la misma Constitución Política del país y la Independencia.

2 Otro acontecimiento importante de los sucesos de comienzos del siglo XIX es el aislamiento del Paraguay. A partir de  la llegada de la última Adelantada, Mencia de Sanabria, hasta 1793,  durante más de dos siglos, no se establecieron ni vinieron más de 500 familias al Paraguay.

3  ¿Era deseo real del Dr. Francia  preservar la independencia del Paraguay, mantener férreamente la autonomía? o ¿era simplemente ansia de poder absoluto? No hay adicción más importante que la del poder, mucho más grande que  el amor, el alcoholismo, la droga...

PERFIL
Carlos Villagra Marsal nació en 1932 en Asunción, hijo del Dr. Salvador Villagra Maffiodo y de María Elena Marsal. Escritor, diplomático, político, traductor, investigador cultural, poeta y periodista. Pertenece a una vieja familia rural asentada en el Paraguay desde comienzos del siglo XVII, que vio todo y participó en todo el proceso de reconstrucción nacional. Lleva la Guerra del 70 y la Guerra del Chaco en la misma sangre “por testimonio de mis ascendientes a los que llegué a conocer y por lo que me contaban, fundamentalmente sobre la batalla de Piribebuy, que fue la única batalla urbana de toda la guerra”.   
   
Gracias a esas circunstancias que le tocaron a sus antepasados Villagra Marsal pudo recoger centenares de hechos que forman parte de la historia anecdótica y es un buen conocedor de la historia y la intrahistoria del Paraguay. “A través de ella trato de desentrañar ese pasado que siempre, por el solo hecho de ser pasado, está lleno de nieblas”.   
   
Casado con Ana María Carrón Rivarola, con quien tiene 5 hijos, todos egresados universitarios: Verónica, Soledad, Jazmín, Viviana y Rodrigo.

Este último es doctor en Derecho y   el primer paraguayo doctorado en Antropología, quien trabaja para el Banco Mundial con el Ministerio de Agricultura y Ganadería. Una de las hijas, Soledad Villagra, egresada de la Universidad de Harvard, es especialista en Derechos Humanos y está en Colombia, donde su esposo Walter Biedermann es embajador. Soledad  enseña en la Universidad de Bogotá.
13 de Febrero de 2011 00:00

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