Misioneros ilustres del Bicentenario. Número dos: Agustín Pío Barrios. Mangoré.

Mangoré. Número dos en nuestra selección de los misioneros más ilustres en estos dos siglos de la patria.

2-            Agustín Pío Barrios. Mangoré. San Juan Bautista Misiones. Nacido en la capital departamental. El misionero más universal de todos los tiempos. Insuperado en su talento y capacidad de componer. Conocido como “Nitsuga Mangoré”. Nació el 5 de mayo de 1885. Fue miembro de una numerosa familia con gran interés en la música, prueba de ello es que sus siete hermanos tocaban un instrumento cada uno y formaban la Orquesta Barrios. Su padre fue el argentino Doroteo Barrios, cónsul de su paí­s en Misiones y su madre Martina Ferreira, profesora y directora de la Escuela de Niñas de Villa Florida.
            Hasta los 13 años integró la Orquesta Barrios y en 1898 luego de un concierto se acercó el maestro Gustavo Sosa Escalada y lo acogió como pupilo y fue introducido formalmente al repertorio de la guitarra clásica. Bajo la influencia de su nuevo guí­a, Barrios pasó a estudiar las obras más conocidas de los compositores más importantes de guitarra clásica hasta ese momento, como: Francisco Tárrega, José Viñas, Fernando Sor, Dionisio Aguado, Julián Arcas y Joaquin Parga. Sosa Escalada estaba tan impresionado con su nuevo alumno que convenció a los padres del joven Agustí­n para que lo dejasen mudarse a Asunción para continuar su educación musical y académica en el Colegio Nacional de la Capital, donde tuvo como Instructor a Nicolino Pellegrini.
            Luego de graduarse del Colegio Nacional, comenzó a presentarse en conciertos y a componer. Su primera presentación como solista fue en 1907 en un espectáculo organizado por Sosa Escalante. En 1908 ya era conocido en todo el Paraguay, por sus presentaciones con su hermano, el poeta Francisco Martí­n Barrios. Agustí­n tocaba la guitarra y Francisco recitaba.
            En 1910 Barrios salió por primera vez del paí­s para ofrecer un par de presentaciones en Corrientes (Argentina), y debido al gran éxito que tuvo, aquel regreso planeado para la semana siguiente de los conciertos se pospuso por 12 años. De Corrientes pasó a Buenos Aires y de allí­ viajó a Uruguay en 1912, Brasil en 1916, y a Chile. Pertenecen a este periodo obras notables como: La Catedral(1921), Estudios y Preludios, Madrigal, Allegro Sinfónico y Las Abejas(1921). La crí­tica internacional lo calificaba como uno de los más grandes concertistas del mundo y lo llamaban mago de la guitarra.
            Cuando Agustí­n Barrios se encontraba en Sí£o Paulo, Brasil, El Diario de Asunción, anunció el 13 de setiembre de 1918 su fallecimiento. El artí­culo decí­a: En Melo, en la República del Uruguay, le sorprendió la muerte al eximio artista paraguayo, en los primeros dí­as del mes del corriente. Con el alma llena de melodí­as y repleto el pecho sonoro de su guitarra de toda la música de nuestras selvas y el dolor melancólico y huraño de la raza, se fue por el mundo, como una rapsodia, para decir a los hombres su dulce, su triste canción, hasta que le alcanzó la muerte, como a un pájaro la honda. Tuvieron que pasar más de 30 dí­as para que la noticia fuera desmentida.
            Luego de 12 años, junto a su hermano Francisco retornaron al Paraguay que se encontraba en una guerra civil, a pesar de la cual realizó varias presentaciones en Asunción como en el interior. El musicólogo Juan Max Boettner menciona: Lo recuerdo allá por 1922, en una noche de luna en San Bernadino. El con su guitarra embrujada deleitándonos horas enteras. Su hermano recitaba “Oyendo a Beethoven” y el ejecutaba como música de fondo “Claro de luna” en una adaptación propia.
            En enero de 1925 hizo su penúltima presentación en Paraguay, en la Plaza Uruguaya, donde el mismo ayudó a construir el escenario y acarrear las sillas. En esa ocasión presentó su obra El Bohemio. El 25 de febrero de 1925 se alejó definitivamente del Paraguay.
            En 1929 inició una gira por varias ciudades del Brasil, por lo que el carnaval del año siguiente lo encontró en Rí­o de Janeiro donde conoció a Gloria quien serí­a su compañera hasta el final de su vida. Entre 1932 y 1934, Barrios dio presentaciones en Venezuela, Trinidad, Panamá, El Salvador, Colombia, Costa Rica, México, Guatemala y Honduras.
            A fines de 1932 decidió presentarse en Europa y Estados Unidos , pero recién se concretó lo primero en 1934 cuando conoció a Tomás Salomoni, embajador del Paraguay en México, quien realizó gestiones para su presentación en Bélgica, en el Conservatario Real de Bruselas, en setiembre de 1934. De Bruselas pasó a Parí­s, Berlí­n y Madrid. Trás últimas investigaciones realizadas por Lito Barrios, encontramos que Tomás Salomoni fue compañero de aula de Agustí­n Barrios, en el Colegio Nacional de la Capital, en todos los cursos realizados por Agustí­n. Esto concuerda con que Salomoni haya auspiciado a Mangoré su viaje, no solo por eximio artista, sino porque eran amigos de infancia.
            El 14 de agosto de 1932 se presentó, en Bahí­a, Brasil, como Nitsuga Mangoré, el Paganini de la guitarra de las selvas del Paraguay, donde la palabra Nitsuga corresponde a Agustí­n, escrito al revés; y Mangoré viene de un legendario jefe guaraní­ que peleó ante la conquista española; además del nombre, adoptó también la idea de presentarse en concierto con trajes tradicionales de Paraguay.
            Fue tanto el éxito obtenido con el personaje de “Mangore” que en varios paí­ses fue más conocido con el nombre del cacique que con el nombre propio. Además el se encargó de divulgar la leyenda que fue educado en las reducciones jesuí­ticas, que desaparecieron antes de 1800.
            De esta etapa de su carrera corresponde el siguiente escrito: Tupá, el espí­ritu supremo y protector de mi raza, encontrome un dí­a en un bosque florecido y me dijo: “Toma esta caja misteriosa y descubre sus secretos”. Y encerrando en ella todas las avecillas canoras de la floresta y el alma resignada de los vegetales, la abandonó en mis manos. Tomela, obedeciendo el mandato de Tupá, poniéndola bien junto al corazón; abrazado a ella pasé muchas lunas al borde de una fuente. Y una noche, Jasy, retratada en el lí­quido cristal, sintiendo la tristeza de mi alma india, diome seis rayos de plata para con ellos descubrir sus arcanos secretos, y el milagro operó: desde el fondo de la caja misteriosa, brotó la sinfoní­a maravillosa de todas las voces ví­rgenes de la naturaleza de América. Mangoré.
            Barrios estaba interesado no sólo en la música, se acercó a la filosofí­a, poesí­a y teologí­a. Además de castellano y guaraní­, la lengua nativa de Paraguay, tení­a cierto conocimiento en inglés, alemán y francés.
            Barrios fue muy reconocido por sus interpretaciones, en vivo y en grabaciones -fue el primer guitarrista clásico en grabar de forma comercial en discos de 78 rpm-.
            Su conocimiento de la teorí­a musical le permitió componer en varios estilos: barroco, clásico, romántico y descriptivo. Su música se caracteriza por ser de carácter folclórico, imitativo y religioso.
            Sus composiciones se basan en cantos y danzas de toda América Latina, entre otras: cueca, chí´ro, estilo, maxixa, milonga, pericón, tango, zamba, zapateado, polca paraguaya, etc.
            La mayor parte de sus obras se pueden considerar de carácter Romántico tardí­o, a pesar de haber vivido musicalmente en la primera mitad del siglo XX. Compuso preludios, estudios, valses, mazurcas, tarantelas y romanzas.
            Su creatividad le permitió componer más de 300 piezas para guitarra, las cuales son fuertemente impulsadas y defendidas por Cesar Amaro, John Williams, David Russell, Laurindo Almeida, Abel Carlevaro, entre otros, además de ser consideradas ampliamente de las más importantes en el repertorio de la guitarra clásica.
            John Williams ha dicho de Barrios: “Como un guitarrista/compositor, Barrios es el mejor entre todos, sin importar su escucha. Su música tiene mejores formas, es más poética, es más… todo! Y es más de todo eso en un sentido sin tiempo. Por eso pienso que es un compositor más significativo que Sor o que Mauro Giuliani y más significativo como compositor -para la guitarra- que Heitor Villa-Lobos”
            Barrios tení­a un carácter excéntrico y ciclotí­mico. Pasaba por largos periodos depresivos en los que no componí­a ni tocaba la guitarra y por etapas en las que estaba tan eufórico que se encerraba a componer y practicar sin considerar el tiempo. Fue reconocido además como un buen atleta.
            Barrios regresó de su gira europea en 1936 y se presentó en Venezuela, Haití­, Cuba, Costa Rica, Nicaragua,
            El Salvador, México y Guatemala. Nunca pudo cumplir su sueño de tocar en Estados Unidos porque la visa a su compañera Gloria le fue negada.
            Estando en México sufrió un infarto y un paro respiratorio y los médicos le recomendaron alejarse de las preocupaciones. Unos amigos le invitaron a radicarse en Costa Rica pero aceptó la invitación del Presidente de El Salvador, el General Martí­nez, a recobrar su salud en ese paí­s. Después de su recuperación, fue nombrado profesor de guitarra del Conservatorio Nacional de Música.
            El 7 de agosto de 1944 sufrió un infarto que le ocasionó la muerte a los 59 años. El sacerdote que lo acompañó en su agoní­a comentó que Barrios dijo: “No temo al pasado, pero no sé si podré superar el misterio de la noche”. Está enterrado en el Cementerio de Los Ilustres en San Salvador.
            La vivienda que ocupara en San Juan Bautista se mantiene en pie hasta la fecha y convertida hace más de una década en Museo.  

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