martes, 8 de marzo de 2011

La caricatura nació en Misiones. Desde Villa Florida se proyectó a la patria y así se hizo grande: Miguel Acevedo Llanes.

26-       Miguel Acevedo Llanes. Villa Florida. El creador de la caricatura en Paraguay. A orillas del Tebicuary nació un 6 de abril de 1890, siendo sus padres, el uruguayo Miguel Acevedo y la paraguaya Bienvenida Llanes. Realizó sus estudios primarios en dicha ciudad y al igual que su compueblano Luis Alberto Riart Vera, también ilustre misionero, tuvo que egresar a la capital del país para ingresar al Colegio Nacional de la Capital, el centro pedagógico que formó a los hombres más ilustres de la patria durante un siglo. Según narran en Wikipedia, se dedicó, por intuición y de manera autodidacta al dibujo, específicamente al “retrato al lápiz”.
Inicialmente fue un simple copista, evolucionó rápidamente su técnica y fundamentalmente su creatividad. Fue así que en 1913 se presentó casi irreverentemente al público con una exposición de unas 25 caricaturas de figuras intelectuales y políticas enormemente caracterizadas en ese tiempo. Esta muestra contó con unánime aceptación del público y de la crítica periodística.
Pocos meses después, una nueva exposición, con igual o mejor éxito que la inicial. Conocidas y autorizadas figuras sumaron su elogio a la aceptación general.
Fue entonces cuando llegó para Acevedo el momento de participar en “Crónica”, la más prestigiosa revista cultural de la época, entre las varias existentes. A partir de entonces, cada número de la publicación traía una caricatura de Acevedo, la cual se convirtió, por derecho propio, en el “plato fuerte” de cada entrega.
Pero fue en otra publicación, de alto corte satírico y picaresco, un caso insólito dentro de la historia del periodismo latinoamericano -la revista cuenta de ejemplares únicos, escritos a mano- “Tipos y Tipetes”, donde la obra de Acevedo obtuvo su mayor significación.
Pero también se refiere a todas las cuestiones concretas que aparecen en la diaria escena de la vida asuncena: caricaturiza personajes de la cultura, se mofa de la moda o la publicita en avisos, crea viñetas que alegorizan cualquier acontecimiento de interés colectivo, se ocupa con seriedad de pequeñas anécdotas desconocidas u olvidadas y hace comentarios, reflexiones, bromas, siempre atento a todo lo que sucede en su tiempo que él capta con agudeza y expresa con imaginación.
Pero, además, la diagramación ágil, la información vigente, la creatividad utilizada en la ilustración y en las soluciones técnicas, y el tono variado del texto suponen una concepción actualizada del periodismo que, indudablemente, no existía en la producción pictórica.
Obtuvo una beca para estudiar en París, en 1914. La profusión de museos y el movimiento cultural extraordinariamente dinámico y ágil de la capital francesa estimuló al joven paraguayo quien, a más de progresar en sus estudios, iba depurando su técnica. Lastimosamente, el estallido de la por entonces llamada “Guerra europea”, más tarde la Primera Guerra Mundial, truncó la presencia de Acevedo en Europa.
Influyó de manera decisiva en el otro gran caricaturista paraguayo de la primera mitad de este siglo, Juan Ignacio Sorazábal, quien reconoce en Acevedo a “su único maestro”.
Falleció siendo muy joven. Al volver de Europa y teniendo apenas 25 años, fallece el 5 de diciembre de 1915. Sus trabajos pueden apreciarse en la colección de sus caricaturas que poseen el Centro de Artes Visuales del Paraguay y el Museo de Bellas Artes de Asunción. Por haber sido el creador de la “caricatura” en Paraguay y provenir de la puerta norte de Misiones, hoy es recordado entre nuestros ilustres del Bicentenario.
En el año 2003 se realiza una exposición de sus obras. En publicación del periódico ABC Color de Asunción, titulado “El lado amable de la vida”, autoría del brillante historiador paraguayo Luís Verón, el mismo califica de “interesante” la exposición. El evento se realizó en el Centro Juan de Salazar y califica de una buena oportunidad para olvidarse de los problemas y pasar un momento distendido, disfrutando del humor y la fina ironía que se desprende de la obra de Acevedo.
En aquel tiempo, Cincuenta y siete piezas del acervo del Museo Nacional de Bellas Artes, y once del Centro de Artes Visuales/Museo del Barro, conformaron la exposición de caricaturas del artista compatriota florideño Miguel Acevedo, auspiciada por el Centro Cultural de España Juan de Salazar.
Describiendo su estilo, el autor de la publicación afirma que “Una mirada sosegada a los dibujos de Acevedo, a noventa años de haber sido expuestos por primera vez, además de trasladarnos a la historia de principios de Siglo XX, son toda una lección de "actualidad" de la belle epoque paraguaya y sus personajes principales: figuras de la política, principalmente del mundo cultural, comercial, estadistas extranjeros, dandys criollos, sin olvidar a personajes y acontecimientos que, entonces, eran de la comidilla de aquellos días. Aquellos dibujos que conformaron la mencionada muestra de 1913, demuestran la agudeza con que Acevedo miraba a la sociedad de su época; una agudeza en la que está descartada toda agresividad hacia lo caricaturizado, hacia el sujeto caricaturizado. Encierran en sí una suerte de candor que lleva a "querer" a los personajes que pasaron por la criba del fino sentido de humor gráfico de Acevedo.
La capacidad del artista de captar la personalidad y el carácter de sus sujetos, produce en nuestros ojos una comunión y un vínculo con aquellos personajes del Paraguay de antaño.  Magistral es la representación gráfica de un José P. Montero, con su aire de petulante figurín de su época. Magistral es también la caricaturización del cachetudo Fulgencio R. Moreno, o unos regordetes Alejandro Audivert y Fernando Centurión, así como querendona lo es la del doctor Gerónimo Zubizarreta.
Ni qué decir de la de Bernardino Caballero, en sus últimos días -murió un año antes de aquella célebre muestra. O la de Adolfo Chirife, con toda su recordada prusiana estampa.
La espontaneidad y la mordacidad de Acevedo, no exenta de incisiva crítica, no tienen parangón ni límites cuando se trata de la caricaturización de acontecimientos mundiales, como el caso de la Europa bañada en sangre, ante el flagelo de la guerra o el que representa al Tío Sam con su entonces flamante "juguete", el Canal de Panamá.
Pero lo más significativo de la producción acevediana es su periódico Tipos y Tipetes, insólita y original creación periodística realizada por el artista. Iniciado en 1907, constituye, en cierta manera, una reedición de la experiencia originada en plena guerra contra la Triple Alianza, con medios de prensa que se valieron de la sátira y el humor gráfico para expresar sus mensajes a un público necesitado de un aliciente moral para la sobrevivencia como fueron los periódicos Cabichuí y Centinela.
En Tipos y Tipetes, Acevedo retomó aquella experiencia y la desarrolló por medio de un humor cáustico, mordaz, desenfadado y a veces descarnado.
A través de sus páginas, redactadas en manuscrito y profusamente ilustradas con caricatura y viñetas art nouveau, el público de principios de Siglo XXI, puede vincularse con la realidad paraguaya de una centuria atrás, con sus personajes -muchos de ellos conocidos por medio de la historia- y los sucesos de actualidad nacional y mundial de la época.
Disfrutar de los dibujos de Acevedo es una experiencia enriquecedora. Vale la pena visitar la exposición, pues uno no sólo se solaza con los trazos ligeros, espontáneos, la exageración de rasgos -faciales y corporales-, sino porque permite estar ante la producción de un artista que no dudó en romper estructuras y presentarse como un original innovador.

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