102- Hermana Stigmata: la religiosa que hizo patria desde el Colegio San Vicente de Paul. Homenaje a las hermanas Vicentinas de Zagreb y al Colegio San Vicente por su aporte a la patria desde la formación integral.


102-       Hermana Stigmata. San Ignacio. En su persona éste es un homenaje a la institución al que perteneció. El Colegio San Vicente de Paul, emblemática institución de las Hermanas Vicentinas de Zagreb que formó una generación de hombres y mujeres que engrandecieron la patria desde el Barrio San Vicente de San Ignacio. Dicha institución educativa, no solo dio identidad cultural a dicho sector de la sociedad ignaciana, sino también aportó personas brillantes que surgieron de sus aulas.
Nacida el 5 de enero de 1906 en Croacia, como religiosa eligió el nombre en honor a San Francisco de Asís. Cuenta Jorge del Puerto en su libro “Yo los Vi pasar” que al igual que el citado santo de la Iglesia Católica, nuestra ilustre de la fecha fue sencilla y generosa. Amante profunda de la naturaleza, fue una fiel exponente de la cultura ecológica, en las primeras etapas de las décadas del 40 y 50.
Llegó a San Ignacio el 16 de febrero de 1942 junto a las también religiosas de su orden Lucencia, Silvestra y Leopolda. La Superiora era nuestra ilustre de la fecha. Describe Del Puerto que era una mujer de vasta cultura y gran personalidad. “Lucía la estampa de una Abadesa”.
“De envidiable contextura física, alta, espaldas anchas, tez morena y ojos verdes, que irradiaban bondad pero también firmeza”, describe nuestra principal fuente para recordar a la religiosa que forma parte de nuestra galería de los ilustres.
Acompañados del Padre Zurbitu llegaron a San Ignacio en la fecha ya citada. En otra obra de Del Puerto, “Yo los Vi Pasar” explica que los primeros tiempos fueron momentos difíciles para las religiosas vicentinas recién llegadas. Se instalaron en una vieja casona donde “la sinfonía de los grillos no las dejaba dormir” (J.dl P.)
Explica igualmente que los primeros tiempos fueron difíciles, pero rápidamente se insertaron socialmente a través de la enseñanza de la música, bordado, pintura, también organizaron un Jardín de Infantes y los grados de la educación primaria.
“Todas las Hermanas Vicentinas fueron un dechado de bondad”, continúa diciendo nuestra fuente. A la ilustre de la fecha lo califica como “toda una institución”. Igualmente señala que fue quien sembró la mayoría de los árboles que se mantienen aún hoy en pie en el predio de la institución que tiempo atrás fuera la cancha del 31 de Julio FBC.
“Cuidaba la huerta y los animales, cocinaba, atendía la cantina, fue famosa por sus tortas sabrosas y perfectamente decoradas”, agrega Del Puerto.
Explica igualmente que en 1945 enferma gravemente. Es trasladada a Buenos Aires de donde ya no quisieron que vuelva, pero debido a su insistencia finalmente se le dejó venir a San Ignacio. Los últimos años de su vida sufrió en forma considerable y finalmente fue apagándose poco a poco, “como un sol languideciente en el ocaso”. “Murió con la serenidad de una puesta de sol a los 76 años. Sus restos descansan en San Ignacio Guazú, pueblo al que amó entrañablemente y al que ofrendó gran parte de su vida”, concluye Jorge del Puerto.
Por todo ello, lo incluimos con sobrado merecimiento entre nuestros ilustres misioneros del Bicentenario de la patria.

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