sábado, 9 de abril de 2011

El primer médico del pueblo. Aquellos que sin poseer títulos salvaron almas. Hoy lo recordamos y homenajeamos.


119-       Enrique M. Frutos. San Ignacio. “Uno de los primeros médicos del pueblo”. Así como en Villa Florida existe un Feliciano Orué y en los demás distritos de Misiones quizás existan hombres y mujeres que en aquellas jornadas que tenían el matiz de la alborada de ésta Mesopotamia, ese San Ignacio Guazú de principios de siglo también tuvo sus protagonistas. Y uno de ellos, indudablemente es nuestro ilustre de la fecha: Enrique M. Frutos.
Ya fue recordado en la brillante obra “Yo los vi pasar” de don Jorge del Puerto, pero hoy reafirmamos los conceptos ya vertidos por el mismo. Afirma, que “no hizo el Juramento Hipocrático, pero salvó vidas en los tiempos en que aún eran drogas heroicas la antipiógena y el aceite alcanforado”.
Afirma del Puerto que no tenía el título de médico, pero sí, una gran experiencia; y a pesar de no haber pasado por la universidad, salvó muchas vidas haciendo magistrales curaciones.
Lo describe como un hombre criterioso e inteligente, por mucho tiempo fue un indiscutido líder comunitario. Se casó con la señora Concepción Romero, dinámica componente de la sociedad ignaciana de ese ayer glorioso que hoy recordamos.
Nuestro ilustre de la fecha también fue uno de los pioneros en aquel tiempo de la producción de la yerba mate. El ingenio del mismo con el acompañamiento de su esposa y toda la familia, hicieron que produjeran un derivado de la yerba: el Té del Paraguay. Eran tiempos distintos, donde la escasez del mercado y las limitaciones propias de los sistemas de comunicación finalmente hicieron que no se pudiera industrializar la brillante iniciativa. Quedan vestigios de los yerbales, como mudos testigos de una excelente iniciativa del ilustre de ésta página.
Nunca negó asistencia a los enfermos, al contrario, siempre estaba dispuesto a trasladarse a distancias importantes para cumplir con su vocación de servir a los demás. Era el “jeroviaha” de la población. Es así, que el medio de transporte que utilizaba era su corcel que estaba al cuidado de Valerio Insaurralde, un humilde hombre que cooperaba en sus jornadas diarias con nuestro homenajeado.
Por haber cooperado con el cuidado de la salud de la población y siendo ello un aporte no menos importante en el desarrollo de la sociedad civil, consideramos que posee suficientes méritos para formar parte de nuestra galería de ilustres del Bicentenario del Paraguay, desde la perspectiva de Misiones.

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