viernes, 1 de abril de 2011

"La santidad andante" que hizo patria en Misiones: Padre Antonio Boix.


89-         Padre Antonio Boix. San Ignacio. Calificado como “una santidad andante” por don Jorge del Puerto en su libro “De tierras y de fuego”. Cura párroco de San Ignacio y otros distritos de Misiones. Español de nacimiento, fue misionero no sólo de la palabra de Dios, sino por su profundo sentido de pertenencia con éste suelo hasta el que llegó. Intelectual de primer nivel, Doctor en Teología, Profesor de la Universidad de Salamanca España.
                Señala nuestra fuente que “Voy, Señor”, palabras que como de un hontanar salían de sus labios, para abrir la puerta, para asistir a los enfermos, para responder a todo tipo de solicitud que se hiciera. Palabras esculpidas en la lápida de su tumba, invitando a los sedientos a acudir a él en las necesidades vitales.
                Traído a Misiones por el otro ilustre de nuestra lista: El Padre Luís Parola, sacerdote jesuita. Cuenta Del Puerto en su libro ya citado que recorriendo Parola por España para invitar a jesuitas que tengan el deseo de viajar a trabajar en el Paraguay llegó a Salamanca. En dicha metrópolis, un sacerdote delgado, de admirable humildad pidió hablar con él. Se trataba de nuestro ilustre de la fecha, quien con sus 63 años aún pensaba trabajar diez años más y así se concretó su venida.
                No sólo quedó corto en el tiempo. Ya que trabajó más de una década, completando nada menos que veinticuatro años de sólida tarea pastoral, principalmente en San Ignacio. Nada le impidió a éste religioso servir a los demás. El problema de sus piernas, no era obstáculo para recorrer el casco urbano y las compañías para asistir a los necesitados.
                “Se consagró a los confesionarios; siempre dispuesto para lo que se precisara, sin importar el tiempo ni las veces que, en el mismo día, llegare a celebrar un sacramento”, acota Del Puerto.
                “Los enfermos le profesaron un especial cariño y veneración. Amado por los pobres, su sacerdocio tuvo proyección de vida”, acota.
                Al cumplir una década en San Ignacio, lo trasladaron a Santiago. Los enfermos ignacianos lloraron amargamente. Solo un año duró en la capital de la tradición misionera. El espacio de tiempo fue más que suficiente para que fundara el Liceo, donde se impartía la enseñanza secundaria.
                Volvió a San Ignacio y vivió trece años más. Enfermó gravemente, fue trasladado al Hospital Universitario de Asunción donde falleció dos meses después.
                “Durante el lanzamiento de la Pastoral Nacional de los Obispos, acompañando a Monseñor Bogarín, fue un grupo grande de San Ignacio hasta la capital. Se aprovechó la ocasión para visitar al Padre Boix, el se puso muy contento; a todos les tomaba de las manos y les pedía que lo llevaran de regreso con ellos: llévenme con ustedes, decía”, señala Jorge del Puerto.
                Aquel suceso fue el último encuentro con los ignacianos. Pueblo al que otorgó las últimas dos décadas y media de su vida. Desparramó luz a su paso y dejó huellas. El 15 de noviembre volvía a San Ignacio para ser velado. Al día siguiente fue su sepelio. El también ilustre de ésta galería, Juan Bernal Benítez, Intendente Municipal de dicho tiempo decretó asueto para que el pueblo pudiera participar de la cristiana sepultura del admirado religioso: ello luego le costó el cargo, según narra don Jorge del Puerto. La dictadura vigente en dicho tiempo no toleraba dicho tipo de manifestaciones.
                Ya en su momento, el también ilustre de ésta galería Monseñor Ramón Pastor Bogarín Argaña lo calificaba de “santidad andante”. Algo que se reveló con el libro de Jorge del Puerto que nos sirve de fuente, el testimonio del Dr. Luís María Benítez Riera en una visita protocolar realizada el jueves 31 de marzo por el autor de éste libro en su despacho de la presidencia de la Corte Suprema de Justicia y las profundas manifestaciones de admiración, respeto y aprecio que aún hasta la fecha recuerdan los ignacianos: motivos suficientes para formar parte de la Galería de los 200 ilustres misioneros del Bicentenario de la patria.

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